
La Diputación, en cambio, sí envió a media tarde de ayer a una patrulla de Miñones para inspeccionar la zona. «No se han recibido quejas, pero como no es una zona legal de acampada, se les ha dado de plazo hasta las tres de la tarde de mañana (por hoy) para desalojar», aseguraron fuentes del Gabinete Agirre. «Se han mostrado receptivos y han aceptado el plazo. Veremos a ver qué sucede», añadieron.
El ultimátum frustra, en cambio, los planes de estas familias que, horas antes de recibir la visita de los Miñones, pretendían permanecer en el lugar durante, al menos, dos días más. «Estaremos aquí, por lo menos, hasta el fin de semana, o hasta que nos eche la Policía», aseguró a este periódico un miembro de la comunidad. «En ningún camping nos dejan entrar. Parece que tienen miedo porque viajamos muchos, pero nosotros también somos humanos y, ni en un camping ni aquí, hacemos daño a nadie», se defendió esta misma persona.
De una boda gitana
Han llegado desde Francia -donde hace unos días asistieron como invitados a una boda gitana- y viajan sin rumbo, «juntos, pero no revueltos». «Nosotros somos como los caracoles, vamos con la casa a cuestas y, de hecho, aunque todos tenemos casas en diferentes lugares, nos ahogamos en ellas. Nos gusta ser nómadas», explicaron.
Proceden de Francia, de Italia y de diferentes países europeos, que suelen visitar en su continuo peregrinar. Ése que esta misma tarde habrán de retomar. «Hacia Madrid o Cataluña, quién sabe».









