
Fuego al aire libre. Y sudores fríos en los compartimentos privados de algunos equipos. Toyota se pregunta cómo es posible pagar 25 millones a Ralf Schumacher por hacer lo que hace. Honda cuestiona la validez de sus inversiones multimillonarias en el coche del cambio climático que no anda ni para atrás. A Renault le gustaría saber qué falló en el tránsito de Fernando Alonso al vacío. Red Bull ofrece la mejor imagen gastronómico-festiva-publicitaria-juvenil a falta de algún podio que llevarse a la boca. Pero donde de verdad sudan para explicar lo que sucede, en un intento vano de comunicar a la gente por qué no cunde la felicidad en un equipo que tiene a los dos primeros pilotos del Mundial, es en McLaren.
Una buena mano de maquillaje en el planeta de las suspicacias. En previsión de nuevos conflictos, de atascos inesperados en el cambio de neumáticos, McLaren dispuso ayer dos plazas en su garaje para la operación. Tanto si entraba Alonso como si lo hacía Hamilton, habría 21 mecánicos por barba preparados para apretar tuercas y echar gasolina. Por ahí no hubo problemas, toda vez que ambos pilotos no se cruzaron. Es más, en algún momento de la mañana hubo detalles de cortesía. Alonso dejó pasar a su principal enemigo un par de veces en los entrenamientos libres de primera hora.
La paz de Estambul
Cerradas las filas en torno a la paz de Estambul, tampoco hubo discrepancias en los turnos de preguntas. Los ingleses insistieron con la mejoría de seis décimas que dice Fernando Alonso haber aportado a la escudería desde que cogió el coche en diciembre y el español se mantuvo firme en su idea. Hamilton siguió en su plan: conciliador, pero líder del Mundial. Alonso admitió haber elegido los neumáticos duros que sepultaron su vuelta de oro en pos de la primera plaza. Nada que reprochar. Así pues, la serenidad se instaló en McLaren mientras Felipe Massa volvía a amarrar la 'pole' por segundo año consecutivo en Estambul.
El brasileño inauguró el verano pasado su salto a la fama con la victoria en Turquía y parece haber cogido la medida a este trazado zurdo con su imponente curva número 8. Será un puerto duro para el asturiano, el intento de adelantamiento de Massa, Hamilton y Raikkonen. Tal y como están las cosas en el escalafón de la Fórmula 1, salir cuarto en el mano a mano entre McLaren y Ferrari es la peor elección de todas.
En el regreso al redil de Ron Dennis («Fernando tiene contrato como Lewis, Pedro... y queremos que se quede») y Alonso («estoy feliz si tengo un coche ganador; si no, no»), la tregua o lo que fuese aquello se escenificó en la entrega de una estatuilla de plata (el primer coche de McLaren) al asturiano por sus cien grandes premios. Agradecimiento obligado del español, chiste a la británica de Dennis («toma, aunque es demasiado pesado para conducirlo»), tímidos aplausos de la concurrencia y rápida clausura del acto, que no pasó de los veinte segundos. Así se firman las paces en la Fórmula 1.





