Los mandos de la lucha antiterrorista subrayan las «numerosas coincidencias» entre ambos sucesos: el propietario de la furgoneta de Barajas era un esquiador, también vasco, que fue secuestrado en la localidad pirenaica de Luz Ardiden mientras pernoctaba solo en su vehículo. Según su testimonio, fue abordado el 27 de diciembre, tres días antes del atentado, por tres encapuchados que se identificaron como miembros de ETA y le separaron de su automóvil en ese momento. Exactamente el mismo procedimiento usado con el matrimonio de Orio.
El esquiador pasó todo el tiempo con los ojos vendados y durante los tres días de su cautiverio estuvo en constante movimiento y durmiendo en el monte y en zonas despobladas. Tras pasar la última noche con los terroristas dentro de un turismo, fue liberado una hora y media después de la explosión de Barajas. Los secuestradores dejaron a su víctima en un paraje deshabitado y le indicaron la forma de llegar al pueblo más cercano, igual que ayer.







