
LOS DATOS
El Departamento de Educación del Gobierno vasco quiere atajar estos conflictos a través del programa Convivencia, Paz y Derechos Humanos, cuyas bases fueron presentadas ayer en los Cursos de Verano de la UPV por el director de Innovación Educativa de la Consejería de Educación, Juanjo Agirrezabala.
Hasta el momento, las iniciativas desarrolladas en la misma línea desde el año 2000 no tenían carácter obligatorio y eran los propios centros y profesores quienes se apuntaban a los cursos de formación que promueve el Ejecutivo autónomo a través del programa Garatu. El nuevo plan, en cambio, establece que todos los colegios de la red pública vasca deberán crear en el plazo de tres años «observatorios de la convivencia», en el que se integren profesores, alumnos y familias. La primera fase arrancará en 115 centros el próximo mes de septiembre, con el inicio del nuevo curso escolar. El resto de centros se incorporará de forma paulatina en los próximos dos años. Para llevar a cabo el programa, el Departamento permitirá liberar a media jornada a un profesor, que contará con el asesoramiento de los Berritzegunes -los centros de apoyo al profesorado-.
Agirrezabala, que participó dentro del curso Las necesidades formativas del profesorado para educar en la convivencia, aseguró que tanto los colegios como el Departamento de Educación «están haciendo verdaderos esfuerzos» para solucionar los conflictos escolares. La meta es «construir unas relaciones en los centros educativos que se fundamenten en el respeto a la dignidad de todas las personas», basadas en valores como «la paz, la convivencia, la tolerancia, la libertad, la solidaridad, la igualdad, la justicia y el respeto de los Derechos Humanos». En la práctica, se tratará de hacer un seguimiento «exhaustivo» de la vida escolar y de los posibles problemas que puedan surgir. «Una buena convivencia escolar es, por una parte, una condición indispensable para que sea posible la enseñanza y el aprendizaje, y, por otro lado, resulta fundamental porque aprender a convivir es uno de los fines fundamentales de la educación», afirmó Agirrezabala.
Pérdida de autoridad
La preocupación por la convivencia en las aulas no es nueva. En un reciente informe elaborado por el Gobierno vasco, se reclama a la escuela un papel «más activo» a la hora de configurar la convivencia escolar. La radiografía, sin ser negativa, sí evidencia «formas de conducta especialmente dolorosas para el profesorado: la indiferencia o pasotismo y los enfrentamientos verbales en formas antes desconocidas», señala el documento oficial.
Los profesores, además, han visto mermada su autoridad frente a los estudiantes, de forma generalizada, pero con especial incidencia en los niveles de Secundaria (hasta los 16 años). «Las conductas negativas más frecuentes entre el alumnado -subraya el informe- son los insultos, las amenazas y algunas formas de discriminación, sobre todo por el aspecto físico y por el fracaso en los estudios».
Las medidas correctoras no pasan, en absoluto, por aumentar los castigos ni las sanciones, sino por dibujar «con criterios estrictamente educativos» la fórmula para mejorar las relaciones entre alumnos y profesores. El camino, adelantó Agirrezabala, encontrará «múltiples obstáculos», por lo que requerirá de gran implicación y esfuerzo personal.







