
Según las previsiones del organismo, se espera que la producción gire en torno a los 430 ó 450 millones de kilos, una cantidad que se encuentra dentro de los parámetros marcados en la política de contención de rendimientos para optimizar la calidad que se viene aplicando en los últimos ejercicios.
Respecto al proceso de maduración de la uva, se ha constatado, en general, un retraso de unos diez días, por lo que la previsión actual es que la vendimia pueda desarrollarse entre la segunda semana de septiembre, en las zonas más tempranas, y finales de octubre, en las más tardías, «como suele ser habitual».
Pese a que la uva ha tenido una evolución «muy satisfactoria» al presentar un «buen equilibrio» entre los diferentes parámetros de color, acidez o grado alcohólico, los responsables del Consejo Regulador advirtieron de que la meteorología de las próximas semanas «será decisiva para la calidad final del fruto».
Entre las incidencias más relevantes sufridas a lo largo de este año, destacó el «importante» ataque de mildiu registrado el pasado mayo. Sin embargo, su repercusión «será poco significativa» ya que ha sido «perfectamente controlado por los viticultores». Asimismo, se han producido brotes aislados de oidio sin mayores repercusiones.







