
¿Qué empuja a incluir por imperativo legal en el programa de fiestas que saldrá de punta en blanco la comparsa de Gigantes y Cabezudos para personarse en la Paz a la hora del chupinazo cuando se sabe desde hace años que a los 'gigantones' no hay Dios que los lleve a cuestas desde que se retiraron Cirilo y José 'El Feo' y que, a pesar del incalculable valor que les llevó a la grafía de un billete de Lotería Nacional, duermen en algún almacén municipal (es de esperar) el llamado sueño de los justos?
¿Por qué no llega a sonar la megafonía del Consistorio como es de esperar para desesperación del alcalde que lleva años pidiendo una solución definitiva al desaguisado acústico? ¿Por qué a nadie le importa nada de todo lo que se enumera en esta explícita relación de dudas existenciales?
Respuesta para matrícula (de honor, no de tráfico). Al personal le importa un rábano, y con buen criterio, que se arranque con tanta cuestión en el aire porque bastante tiene con haber consumido lo poco que guardaba de vacaciones para el final del curso, porque está más pendiente de las decisiones del Banco Central Europeo y la bolsa de la compra -que es lo que en realidad le rasga el alma- y porque Capellán -que tiene vuelta y media y más instinto que un felino- sabe capear como nadie contra viento y marea y como no se fía ni del artificio ni de la megafonía simplifica el acto a la esencia ('chispún') y el discurso al fundamento («felices fiestas», dijo).
Cielos abiertos
Dicho y hecho. El ciclo en honor a la patrona de Haro tomó cuerpo con la admiración de la multitud y el beneplácito del tiempo, que arrastró hasta la comarca jarrera cielos abiertos con alguna racha, aislada, de viento del noroeste, y buen talante entre el personal, por mucho que de un tiempo a esta parte ese criterio que revela encomiable disposición a la concordia se asocie, sin razón ni fundamento, a una formación política en concreto.
El que quiere crear buen rollo no necesita carné. Lo hace porque sí. Dicho queda.
Dicho fue que Haro estaba en danza, por voz de su regidor municipal; y hecho se demostró al amparo de la Paz y de La Herradura, que acumularon demandas en las barras de los bares para santificar las fiestas.
Y dicho, de tiros largos, lo dejó Fernando Sáez Aldana con el discurso que oficializó, a última hora de la tarde y en el escenario del Teatro Bretón de los Herreros, lo que el vecindario hizo público y notorio a pleno sol desde muchas horas antes, con un rotunda 'viva' a la suflama de su alcalde y un cerrado aplauso que puso fin a tanta mirada altiva de cuarenta y cinco grados, como de Papamoscas, en la Plaza de la Paz.
Con la otra mosca se queda el personal al analizar el vuelo del cohete inaugural, pletórico en otras ocasiones y de medio 'gatillazo' en ésta. ¿Será que el personal necesita algo más de pólvora para afrontar las ferias de septiembre? ¿Ni por asomo!





