
Esta postura adquiere especial fuerza tras el atentado suicida de anteayer, cuando un miembro de la banda Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI) pretendía acabar con la vida del presidente durante un acto público en la ciudad de Batna. Cuando estaba esperando a Buteflika entre la multitud, los presentes detectaron el peligro y, viéndose descubierto, hizo detonar la bomba que portaba en su cuerpo. Aunque en principio fueron quince los muertos, el grave estado de muchos de los heridos elevó ayer esa cifra hasta los 22. Además, más de un centenar de personas sufrió heridas de diversa gravedad.
Durante el día de ayer las investigaciones también arrojaron luz sobre el autor del atentado. El ministro argelino del Interior, Yazid Zerhuni, afirmó que puede ser un integrista identificado como Abu Mokdad, de 28 años. También indicó que formaba parte de un grupo terrorista que desde hace tres años actuaba al oeste del país y, por la presión de las fuerzas de seguridad, había tenido que desplazarse hacia el norte, en concreto al área de Batna.
La situación en Argelia se viene complicando en los últimos meses y ya son cinco los atentados suicidas que los islamistas han cometido en el país desde el 11 de abril pasado, cuando tres kamikazes estrellaron los vehículos que conducían contra la sede del Gobierno y dos dependencias policiales, causando la muerte de 30 personas y heridas a cerca de trescientas. Hasta entonces, el fanatismo religioso difundido en las mezquitas y en los barrios más pobres se caracterizaba por su propaganda en favor de la 'yihad' o guerra santa, pero no solicitaba el sacrificio físico de sus partidarios. La situación se modificó radicalmente cuando la banda salafista anunció en septiembre del año pasado que se había afiliado a la organización del terrorista de origen saudí Osama Bin Laden, a la que declaraba subordinarse.







