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Sólo para chicas
Dos gimnasios de Vitoria limitan su entrada exclusivamente a mujeres, que quieren hacer ejercicio sin intimidaciones ni miradas incómodas
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Sólo para chicas
MUBY. Un grupo de mujeres se pone en forma con el 'step'. / BLANCA CASTILLO
«Hombres, no». Son las dos únicas palabras del cartel que impide la entrada de chicos en la sala donde una docena de mujeres practican 'Quickfit', un sistema mixto de aparatos y movimientos que promete ayudar a perder peso en el gimnasio Curvas, de la calle Domingo Beltrán, en Vitoria. Una explicación de la propia franquicia de origen americano aporta la clave para entender la estricta prohibición. «En algunas de las máquinas se adoptan posturas de esas en las que no te gustaría ser observada por los ojos masculinos». Almudena Sacristán la directora del gimnasio es más explícita. «A muchas mujeres les da vergüenza sudar la camiseta, despatarrarse en ese aparato que llamamos el paritorio o hacer ejercicios exclusivos para el pecho o las nalgas. Hay mujeres que nunca entrenarían en un lugar con hombres porque se sienten intimidadas con la mirada y no están contentas con su cuerpo», insiste.

Todo está pensado para enganchar a la mujer que quiere hacer ejercicio físico. Se busca su comodidad en un escenario sencillo donde no hay que esperar a que el musculoso de turno acabe para utilizar un aparato. El propio método, muy efectivo, llama la atención. En tan sólo 30 minutos, con una gran intensidad, se logran resultados efectivos. El horario es libre y flexible porque se trata de completar un circuito abierto.

«Las mujeres están a gusto porque somos distintas a los hombres. Buscamos otro tipo de bienestar físico. No importa como vengas, no tienes que venir pintada. Aquí no se ven ombligos al aire y siempre hay un monitor que te corrige», recalca Almudena.

El nuevo centro deportivo vive un éxito creciente. Pero no es el único. Muby, en la calle Libertad, lleva seis cursos con mucha demanda y sin necesitar apenas publicidad. Ninguno de los dos tiene vestuarios masculinos.

Aunque coinciden muchos aspectos, el Muby no es tan radical en el rechazo al varón. Al menos hay chicos monitores. Eso sí, sólo tienen alumnas. «Siempre he trabajado con chicas y creo que hay una demanda diferente. Pero no es prohibir por prohibir. Desgraciadamente, hemos tenido que dar muchas explicaciones. No lo enfocamos para evitar las miraditas. De hecho, aquí los monitores pasan por el vestuario femenino con toda naturalidad. Pero está claro que si alguien viene sin depilar no se siente como en un gimnasio mixto. Ofrecemos lo que les va bien a las chicas con mucho rigor», defiende Viky Alcedo, directora de Muby.

Detractores

La fórmula tiene detractores como Martín Rodríguez, director del gimnasio Europa, que piensa que «es ir para atrás. Los que hemos conocido las escuelas con clases separadas y somos educadores sabemos que esto no encaja en los tiempos actuales. No es significativo. La gente va donde se siente bien tratada y tiene buenos servicios y precio en condiciones. En los gimnasios mixtos hay métodos a la carta para todo el mundo», explica Rodríguez.

Begoña del Campo, de 56 años, y usuaria del gimnasio Curvas, asegura que lo ha elegido por comodidad. Pero lo cierto es que nunca ha ido a uno mixto. «Estoy convencida de que lo pasaría peor. Además éste no es grande y se crea una buena relación entre todas», dice.

Zuriñe Uriarte, de 29 años, va a incorporarse a Muby. «En cuanto me enteré de que era para sólo para chicas me animé. Yo no voy a lucir palmito ni a hacer amigas. Voy a machacarme y cuando compartes la sala con chicos no estás cómoda. Esa intimidad que necesitas es más fácil con chicas. Te van a entender estés como estés», asegura.
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