
LAS OPINIONES
Todo está pensado para enganchar a la mujer que quiere hacer ejercicio físico. Se busca su comodidad en un escenario sencillo donde no hay que esperar a que el musculoso de turno acabe para utilizar un aparato. El propio método, muy efectivo, llama la atención. En tan sólo 30 minutos, con una gran intensidad, se logran resultados efectivos. El horario es libre y flexible porque se trata de completar un circuito abierto.
«Las mujeres están a gusto porque somos distintas a los hombres. Buscamos otro tipo de bienestar físico. No importa como vengas, no tienes que venir pintada. Aquí no se ven ombligos al aire y siempre hay un monitor que te corrige», recalca Almudena.
El nuevo centro deportivo vive un éxito creciente. Pero no es el único. Muby, en la calle Libertad, lleva seis cursos con mucha demanda y sin necesitar apenas publicidad. Ninguno de los dos tiene vestuarios masculinos.
Aunque coinciden muchos aspectos, el Muby no es tan radical en el rechazo al varón. Al menos hay chicos monitores. Eso sí, sólo tienen alumnas. «Siempre he trabajado con chicas y creo que hay una demanda diferente. Pero no es prohibir por prohibir. Desgraciadamente, hemos tenido que dar muchas explicaciones. No lo enfocamos para evitar las miraditas. De hecho, aquí los monitores pasan por el vestuario femenino con toda naturalidad. Pero está claro que si alguien viene sin depilar no se siente como en un gimnasio mixto. Ofrecemos lo que les va bien a las chicas con mucho rigor», defiende Viky Alcedo, directora de Muby.
Detractores
La fórmula tiene detractores como Martín Rodríguez, director del gimnasio Europa, que piensa que «es ir para atrás. Los que hemos conocido las escuelas con clases separadas y somos educadores sabemos que esto no encaja en los tiempos actuales. No es significativo. La gente va donde se siente bien tratada y tiene buenos servicios y precio en condiciones. En los gimnasios mixtos hay métodos a la carta para todo el mundo», explica Rodríguez.
Begoña del Campo, de 56 años, y usuaria del gimnasio Curvas, asegura que lo ha elegido por comodidad. Pero lo cierto es que nunca ha ido a uno mixto. «Estoy convencida de que lo pasaría peor. Además éste no es grande y se crea una buena relación entre todas», dice.
Zuriñe Uriarte, de 29 años, va a incorporarse a Muby. «En cuanto me enteré de que era para sólo para chicas me animé. Yo no voy a lucir palmito ni a hacer amigas. Voy a machacarme y cuando compartes la sala con chicos no estás cómoda. Esa intimidad que necesitas es más fácil con chicas. Te van a entender estés como estés», asegura.










