
El Gabinete Lazcoz se ha propuesto plantar cara al consumo de la litrona entre menores y el concejal de Asuntos Sociales, Peio López de Munain, ha anunciado «mano dura» contra los establecimientos que venden vino y cerveza a discreción. Pero no será una tarea sencilla.
El diario compartió la noche del sábado con jóvenes de entre 15 y 17 años que detallaron y demostraron sus estrategias para conseguir alcohol de distinta graduación.
La fiesta comienza entre las 20.30 y las 21 horas. Vestidos con sus mejores galas y envueltos en perfumes, grupos de adolescentes se reúnen y debaten la forma más fácil de conseguir las bebidas. La mayoría elige supermercados del centro de la ciudad y de la zona de las universidades. «Es mucho más económico comprar allí. Por cuatro euros ya tienes la priva. Normalmente, no nos piden el carné de identidad, pero por si hay problemas nos suele acompañar una persona mayor de edad para sacar las botellas», cuentan Saioa, Leire, Ainhoa y Edurne, de 17 años.
Las cuatro adolescentes hicieron botellón esa noche en el Casco Viejo. Pero no suelen repetir mucho. «Solemos ir a un bar y jugamos un kinito. La dueña ya nos conoce y nos permite beber allí», reconocen.
María, Erika, Janire y Blanca, de 15 y 16 años, también suelen elegir la estrategia del supermercado. «Siempre te las arreglas. Si no, vas a los bazares chinos, que siempre están abiertos, aunque son más caros», comentan con las botellas de kalimotxo y licor ya en el bolso.
Una vez comprada la 'materia prima' para la fiesta, los jóvenes eligen el mejor lugar para ingerirla: la plaza de la Burullería, el cantón de San Marcos o el parque del Norte. «En invierno, preferimos ir a una lonja o a una casa de algún amigo», coinciden.
Cuando la 'chispa' del alcohol se les sube a la cabeza, es la hora de mover el esqueleto. Las zonas preferidas por los más jóvenes son la calle Pintorería y Santo Domingo; y para los que tienen más edad, Zapatería y Nueva Fuera. Comienzan entonces las risas fáciles y los gritos que rebotan en las calles del Casco Medieval.
Campaña de vigilancia
Para entrar en los locales, es imprescindible tener al menos 16 años. Los porteros se pasan horas mirando la fecha de nacimiento de los carnés. Si 1991 no aparece, les niegan la entrada. «Pero una vez que entras en el bar, ya no te piden el DNI si quieres tomar bebidas con alcohol», comentan Sara, Óscar, Edurne, Ali y María.
Así es. Los camareros sirven chupitos, cervezas y todo tipo de bebidas a los adolescentes que de su cartera sólo sacan el dinero para pagar. Ni rastro del documento de identidad.
Y todo esto ocurre sin vigilancia policial visible. Aunque agentes «no uniformados» iniciaron un plan de vigilancia especial en las fiestas de la Blanca, tras el verano la situación no ha variado respecto al año pasado, cuando este periódico sacó a la luz la facilidad con la que los adolescentes compran el alcohol.









