Ahora, las nubes negras se han acercado desde el lejano horizonte y revolotean encima de nuestras cabezas. Algunas han empezado incluso a rociarnos con gruesas gotas de lluvia. El consumo se ralentiza -en la medida en que los tipos actuales detraen mayores cantidades de la renta personal-, el empleo ha estado mal en agosto y en las previsiones de futuro no hay ninguna mala, pero todas son peores.
Zapatero hace como los vecinos de Noé, quienes al empezar el diluvio aseguraban risueños: «Tranquilidad, esto son sólo dos gotas». Por el contrario, Rajoy prefiere emular al barbudo patriarca y asegura que debemos arrepentirnos, pues «El fin está cerca». ¿Quién tiene razón? Hoy, sin duda alguna, Zapatero. ¿Mañana? Todos deseamos que siga teniéndola él, pero casi todos nos tememos que la tiene Rajoy.
La cuestión es importante para nuestro bolsillo y muy importante para los políticos. Hasta ahora pensábamos que era ETA quien polarizaba el debate electoral. En adelante, la cuestión económica va a ganar terreno en la motivación del electorado. Por eso el PSOE realza los logros y disimula los peligros, mientras que el PP minimiza los logros y amplifica los peligros. ¿Quieren un consejo? Escuchen el criterio de quienes se juegan su dinero y su prestigio con el acierto de la previsión y hagan oídos sordos a los que tienen interés en que las cosas sean como les conviene a ellas.





