
«También preferíamos un colegio religioso donde se acaten las normas porque pienso que un niño debe tener unas bases y lo que el profesor diga va a misa». Nunca mejor dicho. En cuanto al euskera, la donostiarra Silvia lo considera «importante porque vivimos aquí, pero como una asignatura».
La niña está «contenta» en el colegio del que ya es una pequeña veterana, aunque reconoce que «no tenía ganas» de retomar los estudios después del largo y siempre agradable verano para los escolares. María recibe en inglés materias como ciencias, drama, tutoría, dibujo y gimnasia. «Tienen un nivel en el idioma muy alto», asegura la madre. ¿Y las notas? «Saca buenas».
La alumna del Virgen Niña practicó gimnasia rítmica y tenis el curso pasado. Para éste, María se inclina por «la música y el baloncesto». En caso de apuntarse a alguna actividad extraescolar, se quedaría un día cada semana en el comedor de un centro que ha suprimido el autobús porque cada vez más estudiantes se quedan a almorzar.
Labor conjunta
A Silvia no le gustan ciertas derivas que afectan a la educación actual, las mismas que cree bien resueltas en un colegio como el de su hija. «Los profesores no tenían que estar tan coaccionados como lo están ahora y veo que muchos padres se complican muy poco. Parece que la escuela se debe encargar de toda la educación y yo pienso que no se puede delegar todo, que es una labor conjunta».
La madre de María se alegra enormemente de la «excelente comunicación» que viene manteniendo cada año con los tutores y ha comprobado en primera fila el «muy buen trato» entre profesores y alumnos. «He ido a excursiones de hasta tres días y lo he visto». Y para quienes ya no comprenden la vigencia de los uniformes escolares, Silvia ofrece el reverso de la cuestión. «En Virgen Niña se lleva y en el caso de las chicas es una ventaja. Eso del modelito, el no sé qué... Además, te ahorras un dinero».









