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ÁLAVA
Conductores profesionales piden que el centro se cierre al tráfico privado mientras duren las obras
Los trabajos en cinco puntos claves de la ciudad convierten la Avenida, Florida y Magdalena «en un embudo», con retenciones de 10 minutos
06.10.07 -
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Conductores profesionales piden que el centro se cierre al tráfico privado mientras duren las obras
HONDURAS. A Sonia Ramírez le cuesta media hora todos los días atravesar esta vía y la Avenida de Gasteiz. / FOTOS: NURIA GONZÁLEZ
Los vitorianos que se ganan el sueldo al volante no pueden más. Pelean a diario con obras en cinco puntos críticos de la ciudad -la Avenida, Magdalena, la plaza de la Virgen Blanca, Olaguíbel y Rioja- que han transformado la ciudad «en un embudo», sin contar trabajos menores que salpican el callejero. Con retenciones medias de «diez minutos» en las horas punta y el convencimiento de que los atascos se van a prolongar meses por la implantación progresiva del tranvía, reclaman al Ayuntamiento «valentía» para cerrar el centro al tráfico privado mientras los coches tengan que compartir la calzada con las máquinas. «Los políticos deben hacerlo ya. El tráfico está imposible», zanja el presidente del comité de Tuvisa, Alberto Ruiz.

José Antonio García, presidente de la Asociación Alavesa del Taxi, opina lo mismo. «Es la única alternativa para evitar colapsos y conseguir que la gente se conciencie de que no se puede hacer un uso indiscriminado del coche». Para el presidente de las autoescuelas de Álava, Txomin Nasarre, «cortar ciertas calles sería positivo». También, «educar en el uso racional del coche». EL CORREO se ha subido a bordo de un autobús, un taxi, un coche de reparto, una ambulancia y un vehículo privado para tomar medidas al embudo.

LÍNEA 14, TUVISA

«Es la ley de la selva»

Iñigo Lizarraga y Félix Iñiguez realizan a diario el recorrido comprendido entre la catedral y la calle Donosti -y viceversa- al volante de dos de los tres autobuses que cubren la línea 14 de Tuvisa. Cuentan con la dificultad añadida de tener que manejar un vehículo de 18 metros, lo que en determinados puntos del camino y a determinadas horas del día se convierte en una odisea. «Perdemos entre 5 y 10 minutos en cada trayecto. Apenas tenemos tiempo para descansar». Iñiguez llega a la calle Donosti a las 10.10 horas. Después de salir de Lakua sin dificultad, llega al primer punto negro del camino: la confluencia de Basoa con la Avenida de Gasteiz. El carril provisional habilitado por las obras del tranvía es tan estrecho que apenas puede avanzar a 5 kilómetros por hora. «Tenemos que pasar a pasito de pulga y ralentizamos el tráfico, pero no queda otra. El trayecto se convierte en una carrera de obstáculos. En la parada de Sancho el Sabio con Bastiturri, tres contenedores le impiden orillarse a la acera. Tiene que parar en la carretera. Y se vuelve a formar atasco. Continúa hacia Magdalena. El autobús avanza con dificultad por un firme estrecho y lleno de baches. «Es la ley de la selva». Y lo que le queda. En la subida de la Virgen Blanca hacia Mateo de Moraza, la curva es tan cerrada que Félix tiene que echar mano de su pericia al volante para evitar que los espejos retrovisores del autobús choquen contra la valla. Después llega Olaguíbel, La Paz y, como General Álava también está cortada, el conductor tiene que tomar el camino alternativo: Ortiz de Zárate, Florida, Ramón y Cajal, vuelta de nuevo a Magdalena y catedral. Total: casi media hora de trayecto, el tiempo máximo.

TAXI

«Cuesta más salir de Vitoria que llegar a Bilbao»

La carrera empieza a las 13.05 horas en la parada de la catedral, después de que Tomás Alonso deje claro que Vitoria está «impracticable». «Se tarda más en atravesar la Avenida y la calle Honduras que en llegar a Bilbao. Florida está colapsada y la Virgen Blanca se llena de camiones de carga y descarga», resume antes de poner rumbo a la estación de autobuses. Lleva a dos clientes de fuera que tienen prisa por coger el autobús. Sale a las 13.30 horas. Lo más corto es atravesar el centro, pero es hora punta. Tomás activa el taxímetro: 3,35 euros. En la calle Magdalena, el tapón comienza a dejarse notar. «En esta ciudad, las obras no se hacen con sentido común. Ya que se empiezan todas a la vez, ¿por qué no se trabaja por turnos, las 24 horas y los fines de semana?», lanza a modo de posible solución. «La verdad es que tenéis todo levantado», le da la razón el cliente mientras mira apurado el reloj. Son las 13.13 horas y el taxi sólo ha avanzado hasta el cruce de La Paz con Olaguíbel. Un cuarto de hora después y con una tarifa de 6 euros, el taxi llega a la terminal de Los Herrán. «Y no ha sido la peor carrera del día», sostiene Tomás. «Esta mañana, he tardado 20 minutos en llevar a un cliente desde Desamparados hasta San Viator y le ha costado 7,80 euros. Me da hasta vergüenza».

REPARTIDOR

«Mi jornada se puede alargar media hora»

A las 8 de la mañana, Joseba sale del pabellón de la empresa Logística y Distribución Virgen Blanca, para la que trabaja, en la Avenida de los Olmos, con dirección al centro. Llegar no le supone mayor problema. «Lo peor es desenvolverse con tanta calle cortada», asegura. Vive de su camión y las entregas no entienden de tranvía, excavaciones o peatonalizaciones. De ahí que su jornada laboral pueda prolongarse «entre 30 y 45 minutos» cada día. Uno de los bares a los que reparte cerveza se ubica en la plaza de la Virgen Blanca. «Antes, iba por la calle Prado y entraba por Postas, pero ahora es imposible. Hay poco espacio y no quiero atropellar a ningún peatón». ¿Su alternativa? «No tengo más remedio que subir por la cuesta, pasar por Mateo de Moraza y, antes de entrar en Olaguíbel, desviarme por lehendakari Agirre y bajar hasta Postas». La situación no mejora cuando trata de salir. «Tienes que hacerlo marcha atrás porque apenas tienes margen de maniobra, con la dificultad y el peligro que ello conlleva».

AMBULANCIA

«Hay que buscar alternativas»

Javi Serra, conductor de una ambulancia de la DYA, acepta con buen talante que el ruido y los atascos son el precio que hay que pagar con una ciudad en obras. Admite que conducir en Vitoria es «complicado», por ello cuando recibe un aviso trata de buscar la mejor alternativa: tomar la circunvalación o en su defecto, vías de dos carriles. «Aunque sea más largo, se gana en tiempo», asegura. Con todo, calcula que con cada salida -en 12 horas atiende diez avisos- pierde una media de 2 ó 3 minutos. Demasiado lujo cuando se trata de atender una urgencia. De ahí que Javi se muestre también partidario de poner fin al uso indiscriminado del coche. «Cerrar el centro vende poco pero sería lo mejor».

CONDUCTORA

«Me planteo ir andando»

Sonia Ramírez se pone al volante de su coche cuatro veces al día. Vive en Portal de Foronda. Trabaja en Sancho el Sabio y, desde que las obras del tranvía se pusieron en marcha, esta joven se pasa conduciendo una media de 80 minutos diarios. «Me estoy planteando ir andando porque creo que tardaría lo mismo». EL CORREO le acompaña en su último viaje del día: el de vuelta a casa una vez concluida su jornada laboral. Son las 19.30 horas. Sonia ha aparcado su Opel Corsa en la calle Madre Vedruna y se prepara para atravesar la Avenida de Gasteiz. «Media hora no nos la quita nadie», advierte. Dicho y hecho. En cuanto llega al Europa, no puede pasar de primera. Y eso que, al final, en América Latina, tres agentes de la Policía Local se afanan en regular la circulación. «Encima los semáforos están fatal sincronizados. En sentido contrario, no hay problema, pero este trayecto es desesperante». Con paciencia y la compañía de la radio, Sonia avanza hasta llegar al cruce con Basoa. En ese punto, la situación aún es peor. Muchos tienen prisa por avanzar aunque sea un metro, pero no se dan cuenta de que pueden quedarse parados en medio del cruce e impedir entonces el paso a los coches que vienen de Basoa. Ahora sí, Sonia se encuentra en una especie de callejón sin salida. Aún le quedan unos metros y unos diez minutos hasta conseguir cruzar la rotonda de América Latina y llegar a Portal de Foronda. Ha pasado media hora.
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