
El experto asintió con la cabeza mientras enseñaba a los asistentes el sistema de anillamiento de aves, utilizado para estudiar cada especie. «Una vez capturado el animal, tratamos de averiguar el sexo, la edad y el peso. Luego, le colocamos un anillo para hacerle un seguimiento en su migración», explicó Unanue.
El anillamiento formaba parte de un conjunto de actividades desarrolladas ayer por el Centro de Estudios Ambientales (CEA) en el humedal de Salburua, con motivo del Día Mundial de las Aves. Más de un millar de personas se acercaron a este «tesoro» de Vitoria para conocer de cerca a través de talleres, concursos y visitas guiadas las especies que habitan estos meses de otoño en este ecosistema.
«A estas alturas del año, es curioso que la laguna tenga tanta agua, cuando normalmente en verano se suele secar. Eso hace que en esta época hayan aumentado las aves que se han acercado a Salburua», comentó Gorka Belamendia, técnico del CEA. Recordó asimismo que el número de especies registradas en el humedal llegan casi a 200. «Hoy hemos anillado 40 especies. En la época de migraciones, que termina en noviembre, es la media diaria. Sin duda, la estrella del día ha sido el martín pescador por su bonito color azul metálico y su cabeza redondeada. Además, por primera vez, hemos detectado una curruca cabecinegra», añadió Belamendia.
Pese a que las aves fueron las protagonistas del día, los ciervos también atrajeron a los paseantes que escuchaban sus bramidos por todo el parque. «Es la época de la berrea, el sistema de apareamiento de los ciervos. Los machos braman para atraer a las hembras, que son las que finalmente eligen», explicó Gabriel Verasategui, encargado del curso de iniciación al monitoraje ornitológico que se desarrolló durante todo el fin de semana, también con motivo del Día Mundial de las Aves.
Especies salvajes
Uno de los mejores lugares para verlos con tranquilidad era el observatorio Los Fresnos. Y es que allí había un taller de fotografía, donde los hermanos Quintas dispusieron una cámara digital con un teleobjetivo para captar imágenes cercanas de los animales que habitaban en la balsa de Arkaute. «Es una forma de gozar de estas especies salvajes con una cierta cercanía y captar las mejores fotos con cierto descaro», comentó Belamendia.
Las aves que habitaban en la balsa de Betoño también fueron objeto de admiración por parte de muchos paseantes. Maider Iglesias, una futura bióloga apasionada del mundo de los pájaros, les ayudaba a identificar las diversas especies que se bañaban en la laguna. «Estoy tratando de buscar un pato cuchara. Su pico es enorme y me gustaría enseñároslo, pero nos lo está poniendo muy difícil», explicó mientras miraba a través del telescopio.
María José Bergara escuchaba interesada a la monitora. «Normalmente, todo lo que tenga plumas no me gusta nada. De hecho, odio a las palomas, me parecen ratas de ciudad. Pero estos pájaros son muy diferentes y muy curiosos», admitió, al escuchar las explicaciones de Iglesias.
Mientras los humanos les contemplaban, las aves disfrutaban de un día espléndido en el humedal de Salburua sin saber que estaban siendo observados.









