
EL PROGRAMA DE HOY
La fiesta, como se implantó hace ya 33 años, comenzó en la sala Harresi con una imposición de pañuelos y un reconocimiento a los más veteranos del lugar. Saludos, besos y abrazos salpicaron el acto, donde la pareja formada por Ambrosio Rubio y Antonia Rey celebró su 62 aniversario juntos. Ayer lucieron sus mejores galas para recordar el largo trayecto recorrido desde 1945, «donde hemos tenido de todo, bueno y malo, y agradecemos llegar hasta aquí», explicaba él con los ojos chispeantes de emoción.
Igual que Blas García, que con sus 93 años es el más longevo de la localidad. Con la banda de honor y las flores en la mano, su homóloga femenina, Andresa Aguirre, de 86 años, confesaba que el mayor regalo era su biznieto, Auxin, de apenas dos meses y también presente -dormido eso sí- en la celebración. «Es el tesoro de la familia», apuntaba.
Unas pastas y un brindis con moscatel dieron a todos la energía necesaria para enfilar, en animado pasacalles, la ruta a la iglesia de San Juan, donde asistieron a una misa amenizada por el coro Eguzkilore. Tras la devoción, la diversión tomó de nuevo el mando. Era el tiempo de mover el esqueleto al ritmo de los bailables de la banda municipal de música en la plaza de Santa María. Las primeras en lanzarse a la pista, sin embargo, fueron las pequeñas Nahia y Ariznoa, de 2 y 3 años, que demostraron un arte inusitado. Tanto bailarines como espectadores hicieron apetito suficiente para saborear el opíparo banquete que les esperaba luego en el instituto Aniturri, con la actuación de Aires de México y Ciclón.









