AVERÍAS DEL TRANVÍA
El incidente ocurrió sobre las diez y media de la mañana, cuando una máquina que realizaba zanjas en General Álava para desviar los servicios de gas y agua por las obras del metro ligero seccionó una parte del conducto, construido en fibrocemento y de un diámetro de 150 milímetros.
El agua comenzó a brotar con fuerza e inundó la calle Dato en el tramo que va desde la Caja Laboral hasta la perfumería Yves Rocher. Decenas de personas que trataban de cruzar la arteria se congregaron en torno a la balsa que les impedía atravesar la vía.
Un cuarto de hora después, Amvisa cortó el suministro a más de una treintena de tiendas y portales de Dato, y no volvió a restablecerlo hasta las cuatro de la tarde.
La aparatosidad del reventón provocó que el concejal de Protección Ciudadana, José Manuel Bully, admitiera que la avería «era más importante de lo que se esperaba», por lo que reconoció que el corte se prolongaría «durante más de tres horas», como así fue.
«Contratiempos»
Frente a la enorme balsa, decenas de personas sacaban sus móviles y fotografiaban el momento en el que el agua manaba a borbotones de la tubería. «Tanto pinchar el asfalto es normal que sucedan estas cosas», comentaba enfadado Jesús.
En la tienda de Adolfo Domínguez, comenzaban a impacientarse porque el charco crecía poco a poco y se acercaba a la puerta del establecimiento. «¿Dónde están los bomberos?», se preguntaba Arantxa, una de las dependientas, molesta «porque las obras del tranvía no causan más que contratiempos».
Unos metros más allá, en el hotel Dato, el corte del suministro causaba serios problemas a su funcionamiento. «No hemos podido hacer la limpieza a tiempo y algunos clientes no se han podido duchar. No entiendo que en cinco horas no haya una alternativa para restaurar el suministro», decía el gerente del establecimiento, Íñigo Bastarrica.
A la misma hora, otro reventón alteró la rutina de vecinos y comerciantes en la Avenida de Gasteiz. Durante una reparación controlada de una tubería, un operario rompió el conducto. La fuerza del agua provocó un agujero en el asfalto, y las piedras saltaron hasta el tercer piso de un edificio cercano y sobre los coches aparcados. Los minoristas de la zona aseguraron que se cortó el suministro de agua durante casi una hora, con las consiguientes molestias.










