
Sáenz de Santa María se enfrenta a ambas imputaciones tras una dilatada y doble trayectoria en la vida pública. Y es que, a sus 53 años, este vitoriano acumula una larga trayectoria como alto cargo del Ayuntamiento.
Fue en 1990 cuando este licenciado en Historia y funcionario municipal salió del anonimato. Lo hizo de la mano de Pablo Mosquera como ideólogo de la recién nacida Unidad Alavesa. Esta vinculación sorprendió en círculos políticos al haber estado antes en el origen de HB, una relación a la que puso fin «en cuanto vi que su misión era defender el terrorismo», declararía tiempo después.
Juntero y parlamentario, su 'buen rollo' con Mosquera duró cinco años. En 1995, cuestionó el sentido de UA si el nacionalismo retrocedía en Álava, lo que le hizo perder posiciones en el partido. Dos años después, volvió a ser el 'número dos' de los foralistas al ponerse del lado de la dirección en la crisis interna que diezmó la formación. Este apoyo le permitió seguir de director de Personal del Ayuntamiento, un departamento dirigido por el alavesista Alfredo González, tras el pacto de Unidad Alavesa con Cuerda.
El segundo idilio con Mosquera terminó a finales de 2002, cuando UA enfilaba la recta final hacia su desaparición. Para entonces, este ex alumno de Marianistas que aún era juntero foralista, se había resituado junto al PP, y fue elegido por Ibarrondo como director de Urbanismo.
Junto a él protagonizó actuaciones discutidas, como las polémicas decisiones en Ali e Ibaiondo, o la concesión de otra licencia para hacer una buhardilla frente al palacio foral pese a los informes técnicos en contra. En junio, nada más ser nombrado alcalde, Patxi Lazcoz cesaba al alto funcionario más poliédrico.






