
EL ESTUDIO
Las conclusiones más llamativas apuntan a un incremento del 15,6% en el número de locales, pero con matices interesantes. Mientras cae la cantidad de comercios dentro de los núcleos urbanos, muy especialmente las pequeñas tiendas de alimentación, crece de forma relevante el número de comercios establecidos fuera de las propias localidades. El ejemplo del Gorbeia es paradigmático, con sus cien establecimientos abiertos bajo el paraguas de la gran superficie.
La población que reside fuera de Vitoria -casi 75.000 personas- supone un cuarto del total alavés, pero las tiendas se quedan en la quinta parte. De hecho, por cada mil residentes en la capital existen 13,1 comercios, montante que desciende a 11,3% en el caso de los pueblos.
Otros datos sí apuntan a un incipiente proceso de modernización que ya se ha anticipado en Vitoria. Por ejemplo, el incremento de personas por local en estos veinte años hasta fijarse en 2,6 por establecimiento en el resto del territorio histórico, 3,2 en Vitoria. Este índice guarda relación con el aumento del empleo en el sector, que en el medio rural supone un trabajador más por tienda ahora con respecto a 1987 y alcanza los 2.223 puestos de trabajo.
También cabe destacar un comienzo de adaptación a los nuevos hábitos de vida, como el hecho de que crezca la oferta relacionada con el ocio, el turismo, el deporte o la decoración externa de las viviendas. En el otro extremo, el goteo permanente en el cierre de los célebres ultramarinos, panaderías o pescaderías.
Las conclusiones generales destacan la «poca densidad» de las tramas urbanas, que pierden posición con respecto a los comercios radicados fuera de los pueblos. Mientras las tiendas establecidas en las localidades se dejan 116 socios, las del extrarradio ganan 229.
«Esperanzador»
Karmentxu Intxaurraga, máxima responsable del informe que apadrinan la Cámara de Comercio e Industria y la Diputación, cree que los datos permiten extraer una lectura «esperanzadora porque se ven huecos para nuevas oportunidades».
Intxaurraga lo explica de acuerdo con cuatro criterios fundamentales. «Se empieza a ver una capacidad para adaptarse a los cambios en los hábitos sociales, de conocer al cliente y adaptarse a sus necesidades. A eso hay que añadir la inversión, la formación y las ganas de trabajar en el sector». En el peor extremo, una de las lacras habituales, la falta de relevo generacional en algunos sectores. Padres que dejan el negocio por la edad e hijos que prefieren seguir otra senda laboral.









