
«Nadie nos avisó de que no había clase. Sólo pedimos que se recupere esta hora perdida», exigían Irene Aranda, Marcial Cortés, Encarni Adeva y sus compañeras de gimnasia. Su demanda, en cambio, fue a más nada más conocer que el paro podría alargarse hasta fin de año. «De ser así, nos tendrán que pagar el abono trimestral, como han hecho en Gamarra este verano, cuando estaban en obras. Es lo más justo», exigían.
Narci Inurria y María López tampoco pudieron entrar en el gimnasio ni en la piscina de Hegoalde. «Nos ha sentado fatal, pero, para no perder el tiempo, nos hemos marchado a dar un paseo hasta Olárizu», explicaron.
En Aldabe, la situación no era mucho mejor. Como en el resto de centros cívicos un cartel colocado en la puerta de entrada avisaba a los usuarios del cierre de la pileta. Solidaria, Marian Muñoz mostraba su apoyo a los huelguistas. «Pagamos un servicio para que nos lo presten, pero los trabajadores tienen unos derechos y deben luchar por ellos».
Solidaridad
En San Andrés, Maxi Iriarte y Mari Carmen Aransay eran de la misma opinión. Ambas se habían enterado por la prensa de que la huelga de socorristas y monitores era un hecho pero, aun así, quisieron acercarse hasta el polideportivo en señal de apoyo a su monitora. «¿Qué le vamos a hacer? Si no están bien deben luchar por mejorar, pero confiamos en que termine pronto porque si no nos vamos a poner a ver la 'caja tonta' y eso es muy malo».
Casi tan malo como tener que pagar por un servicio que no se recibe. Lo decía Arturo Salazar. «Comprendo la situación de los trabajadores, pero alguien se tendrá que hacer responsable de la situación de los usuarios. Ellos tienen derecho a la huelga y nosotros a que se nos ofrezcan los servicios s que pagamos. Y, si no es posible llegar a un acuerdo, entonces deberán reembolsarnos lo correspondiente a las clases perdidas».
En Abetxuko, el trasiego de usuarios contrastaba con la tranquilidad de los otros centros. Allí, los visitantes se las prometían muy felices por la mañana. La piscina estaba abierta y los monitores en sus puestos. «Y eso que a primera hora han fallado muchos habituales», decían en el mostrador. Por la tarde, la cosa cambió.









