Una de las dificultades prácticas que tendrá el nuevo organismo será la de sincronizar las agendas de los académicos -en principio, celebrarán tres reuniones al año-, como se puso de relieve por la inasistencia de once integrantes. Algunos de ellos en Estados Unidos, como el lingüista Juan Uriagereka, además de los representantes del mundo de las artes Javier Aguirresarobe, Montxo Armendariz, María Bayo, Rafael Moneo y Inma Shara. Tampoco pudieron asistir los escritores Bernardo Atxaga y Miguel Sánchez Ostiz, el astrónomo Jon Marcaide y el médico Juan José Goiriena, que se encontraba enfermo.
La diversidad de procedencias intelectuales de los académicos es precisamente uno de los valores que resaltó Etxenike como seña de identidad de la Academia frente a la tendencia «aceleradamente creciente hacia la especialización, algo que empieza a ser un problema grave en la propia investigación de cada uno de nosotros». Jakiunde apuesta por la combinación de saberes en los diversos campos de la ciencia, el arte y las letras.
«Sólo el estar preparado para cambiar la dirección que uno se marca inicialmente es un buen argumento para que los estudiantes reciban una educación lo más amplia posible», añadió Etxenike.
Por otra parte, la academia quiso ayer expresar su reconocimiento a uno de los artífices de Jakiunde. Lo hizo dando la palabra a Imanol Olaizola, que fue quien en la década de los noventa propuso el proyecto de la Academia como «órgano colegiado superior que garantice la información al máximo nivel de conocimiento».
Olaizola hizo una semblanza de las trayectoria de la sociedad de estudios vascos Eusko Ikaskuntza y de las iniciativas que fueron fraguando la academia ayer constituida.







