
Un año más, trece puestos de castañeros se han situado en calles tan céntricas como San Prudencio o La Paz para ofrecer hasta el próximo enero el típico producto otoñal. El precio de un cucurucho con una ración de siete castañas costará un euro, el doble cuando sean catorce unidades. «El coste ha aumentado como lo ha hecho la vida, pero también hemos incrementado la docena y ahora vendemos catorce», argumentó Manuel Sáinz, adjudicatario de cuatro de las trece características locomotoras de hierro fundido que jalonan los cruces estratégicos del centro.
La materia prima, un año más, procede de la provincia de León y la calidad, según Sáinz, es «muy buena, como siempre». Sin embargo, el vendedor es pesimista con la situación que atraviesa el sector. «La venta cada año va a la baja. Al fin y al cabo, las castañas son un capricho, no es algo de primera necesidad y, en esta vida, hay que pagar muchas cosas, como la hipoteca o el coche», recordó.
Receta sencilla
Mucho más optimista era Eduard, un vendedor situado en la plaza General Loma. «La gente sí que se anima mucho a comer castañas, es algo típico de estas fechas», aseguró.
Eduard desvela los trucos de esta sencilla receta: «Calentar las castañas, siempre con carbón, durante diez o doce minutos nada más».









