Me pregunto: ¿tendré la suficiente educación para navegar por la red sin escandalizarme? ¿Qué tonterías digo, a mi edad y con todas las canas que peino! ¿No voy a tener formación! Pero continúo pensando en serio y reviso mi experiencia. Llevo muchos años de usuario de Internet, nada menos que desde sus primeros vagidos en España. Por prudencia o tacañería jamás me he metido en un sitio de pago, salvo en sesudas revistas científicas a las que mi universidad o yo estamos suscritos. Ahora bien, sólo enredando, he caído en páginas de muchos estilos de pornografía -no sólo sexual- que me han escandalizado profundamente.
Me parece lamentable que la aparición de un maravilloso fenómeno cultural como es Internet necesite de la inmediata creación de cuerpos especiales de policía para vigilar lo que allí ocurre. Por desgracia la maldad existe y contra ella sólo nos podemos defender, nunca conseguiremos erradicarla. Pero lo preocupante es que en lugares aparentemente inocuos, donde no salen imágenes de contenido sexual, hay otros tipos de asquerosa basura.
Se lanzan mensajes peligrosísimos frente a los que se necesita un espíritu crítico muy bien alimentado y una cultura asentada para poder combatirlos. Por poner un ejemplo en cuya perniciosidad es probable que la mayoría estemos de acuerdo: resulta perfectamente posible descargar de Internet todos los documentos imaginables que niegan con supuestas pruebas el Holocausto de judíos, gitanos, homosexuales y simples demócratas por los nazis. Publicar esto en la web no es delito, pero sí debe preocupar a los adultos qué narices consideran sus hijos como una información fiable.
En la red, junto a la mejor página de historia, puede esconderse una terrible y mentirosa deformación. Y esto también es un escándalo.
jc.p.cobo@diario-elcorreo.com









