
Relato agridulce, pues, donde los sentimientos se expresan a través de toda una serie de preciosas melodías, interpretadas en directo, sin subterfugios de ningún tipo, por sus dos estupendos protagonistas, que actúan con una frescura y una espontaneidad, digna de encomio. Al tiempo, una suave tristeza vertebra el filme, sin que ello quiera decir que estemos ante una historia mustia o melancólica. Antes al contrario, por cuanto 'Once' resulta optimista en su justa medida.
Tampoco falta el sentido del humor, como cuando el protagonista interpela a los otros componentes de la banda, diciendo: «Chicos, ¿os habéis preguntado por qué no hay un solo cura rubio?», que realza esta deliciosa muestra de cine contemporáneo, nada folclórico o populachero y sí muy estimulante. Ribeteado todo ello por canciones que hablan de cosas tan sutiles como: «No sé mucho de ti, pero te quiero. Toma este barco a la deriva y dirígelo a casa...»







