Se trata de unas mangas de plástico que emiten luz ultravioleta, una irresistible tentación para los mosquitos, de hábitos nocturnos. Una vez en los alrededores de la trampa, los insectos son succionados por un ventilador que los deposita en el fondo del bote donde se encuentra un líquido que conserva al insecto. Se trata de que el animal se conserve en el mejor estado posible para que los especialistas puedan analizar su ADN, determinar la subespecie de culicoides a la que pertenece y si es portador del virus.
Desde Neiker sostienen también que sería importante determinar si, aparte de la hipótesis del mosquito, el virus pudo llegar a Guipúzcoa a través de heces contaminadas o de animales ya enfermos. En este último supuesto los veterinarios se enfrentarían a la hipótesis de que los mosquitos locales pueden convertirse en transmisores del virus.
Javier Lucientes, Coordinador del Programa Nacional de Vigilancia Entomológica de la Lengua Azul, apuntó ayer que el virus podría haber sido propagado en el País Vasco por el llamado 'Culicoides imicola obsoletus'. No sería el primer caso extraño. En agosto de 2006 en una granja cercana a Maastricht se constató el primer caso de lengua azul y su aparición en una latitud donde el virus no había sido detectado nunca. Se culpó a un mosquito de dos milímetros de tamaño, el 'Culicoides dewulfi', primo del 'Culicoides imicola', responsable de la transmisión del virus en el Sur de Europa y en el continente africano.







