
LAS FRASES
Visiblemente afectada y aturdida, entró en la sala de vistas a petición de la acusación particular y de la defensa. No cruzó su mirada con la de Talegón, sentado en el banquillo a escasos dos metros. Durante tres cuartos de hora confesó que desconocía las deudas contraídas por el hostelero. «Sabía que con el asador no sacaba dinero, pero él me decía que cubría los gastos», explicó.
La testigo recordó ante el jurado popular lo que pasó el día del crimen. Su por entonces esposo se fue al asador que regentaba. Esa tarde se iban de vacaciones, y durante la mañana habló dos veces con él por teléfono. No notó «nada raro».
A la hora de comer recibió la llamada de su hermana Virginia, que no conseguía que la víctima le abriera la puerta de su casa. Le envió sus llaves a través de uno de sus dos hijos.
Después, telefoneó a la casa del crimen. Virginia ya había descubierto el cuerpo de su madre, y le pidió a la desesperada «que llamara a una ambulancia». Cristina, muy afectada, recordó que «ni acertaba» a pulsar las teclas para pedir auxilio. Corrió al piso de la calle La Paz pero la Ertzaintza no le dejó entrar. «Ni pude ver el cadáver. Me asusté, pensé en si mi madre habría sufrido...», afirmó.
Llamó a su marido, pero le recomendó que no fuera al lugar de los hechos porque no le dejarían subir. Le vio por la tarde, en la comisaría, y estaba «normal», pero le comentó algo llamativo. «Me dijo que había tomado café, algo que no solía hacer».
Cuando se enteró de la detención de su marido, dos días después, «no me lo podía creer, estaba aturdida, tengo lagunas». El fiscal le preguntó qué pensó después, cuando pudo reflexionar. «Que me divorciaba. Pienso que es culpable», zanjó la testigo, quien no ha conseguido que el hostelero pierda la patria potestad de sus hijos. También rechazó que, por culpa del crimen, los niños «tengan que ir a verle a la cárcel».
El portal
Cristina aseguró que Talegón no le confesó su coartada. Es decir, que fue a casa de su suegra pero que nunca entró al piso y que «encontró» una bolsa de dinero en la escalera que «guardó» tras un calentador de su asador y que la Ertzaintza descubrió tres días después. Los billetes tenían manchas de sangre de la fallecida, según los análisis científicos.
«No me dijo nada», aseguró la testigo. Respecto a la camisa que llevaba el arrestado ese día y que jamás ha sido localizada -al igual que el arma homicida-, su ex esposa explicó que «él dijo que la había dejado en el asador».
La testigo tampoco era consciente de que el acusado le había pedido dinero en dos ocasiones a su madre. La empleada doméstica recordó ayer ante el tribunal que Talegón fue «alguna vez» a ver a Pilar. «Iban por el pasillo hacia la habitación», reveló. Tampoco sabía que su ex pareja sacó el dinero de los planes de inversiones de sus dos hijos, que sumaban «unos 2.000 euros».
Al igual que sus hermanas en días posteriores, Cristina confirmó que el detenido utilizó «en alguna ocasión» la caja fuerte que había en el dormitorio del crimen, donde ese día desaparecieron «al menos 6.200 euros». La compareciente dijo que el arrestado también conocía que la familia había recibido unos ingresos extra tras vender un local.
Al final, la abogada de la defensa le preguntó si tras la detención del único imputado había hablado con él de lo que pasó. «Es él quien debe darme una explicación. Que diga por qué está ahí», replicó a la letrada.
i.cueto@diario-elcorreo.com







