
Si se sumara el valor de los 982 millones de billetes que se emitieron con 'Fuensanta', el resultado llegaría casi a los cien mil millones de pesetas. Un dinero. Más del que se recaudó ayer en la casa de subastas Sotheby's de Londres, en la que se vendió el cuadro, de un golpe, por 1,17 millones de euros, récord en cualquier caso para una obra de Romero de Torres.
Es de suponer que la gente estaba alegre por la venta, tanto el argentino que poseía el lienzo desde 1994, y que ayer hizo un buen negocio, como la persona anónima que lo compró y la casa que facturó la comisión. Pero, ¿qué habría sentido la protagonista del cuadro? A ella, a María Teresa López, que la pintara el artista cordobés no le hizo ninguna gracia. Es más, en algún momento llegó a decir que le amargó la vida. Murió hace cuatro años, en un asilo.
Hija de unos indianos de Córdoba que se arruinaron en Argentina, María Teresa llegó a la ciudad andaluza con siete años, en 1920. Ella y su familia regresaron al barrio de San Pedro, muy cerca de donde Romero de Torres tenía su estudio, y pronto se hicieron amigos de él. El pintor retrataba mujeres sin parar y cuando vio a la niña le invitó a que se dejara caer por su estudio para posar. Por cada sesión, que duraba horas, le pagaba tres pesetas.
Romero de Torres, que vivía en Madrid, la llamaba cuando estaba en Córdoba. María Teresa escribió unas memorias que nunca llegó a publicar enteras, y en las que recordaba cómo el artista la empezó a acosar. «Un verano noté que estaba nervioso. Entonces llegaba hasta mí y me estrujaba tanto que me hacía daño. Yo no me encontraba a gusto a pesar de que era una niña y de que no sospechaba la razón de esos extraños abrazos», escribió María Teresa en su autobiografía.
Cuando llegó su adolescencia, la presión sobre la chica creció. «Cada vez que nos quedábamos solos me atacaba como un loco. Muchos días me arrancó los tirantes de la combinación cuando salía corriendo del estudio», continuaba.
María Teresa fue también 'La chiquita piconera' que Romero de Torres pintó tres meses antes de morir en 1930, y que está considerada como el testamento pictórico, la concreción mejor conseguida de su ideal de belleza.
A la mujer morena, sin embargo, se le pusieron las cosas muy feas. Los cordobeses daban por hecho que la muchacha se había acostado con el pintor y su propio padre le llegó a pegar porque se creyó los rumores. Antes de casarse, su novio le obligó a hacer el amor para demostrar que era virgen. Lo demostró, pero se quedó embarazada. La niña sólo vivió tres días. Luego se separó, y nunca más tuvo pareja. Se pasó el resto de su vida cosiendo y trabajando en peluquerías. Hoy su imagen es millonaria, pero durante su existencia siempre estuvo acosada por la miseria.





