
LA VISTA DE HOY
Los policías encontraron el dinero «escondido» detrás de un calentador del local del acusado cuatro días después de los hechos. El cotejo de los científicos no arroja lugar a dudas. De los 39 billetes hallados envueltos en papel de aluminio, analizaron diez que estaban impregnados de sangre. Compararon ese ADN con el de la fallecida, y todas esas muestras «coincidían con el perfil genético» de la víctima.
El perito que desgranó el trabajo analítico ante el tribunal puso un ejemplo para clarificar las probabilidades de que ese dinero tuviera restos de Pilar Achaerandio. «Es 1,95 trillones de veces más probable que el perfil del dinero sea el de la víctima, que el de otra persona», subrayó.
El abogado de la acusación particular, José Ignacio Munguía, calculó que «necesitaríamos varios planetas para encontrar una coincidencia así». La afirmación fue corroborada por los agentes, así que no hubo más preguntas al respecto por ninguna de las partes.
Estos billetes son los mismos que Talegón dijo que había encontrado el día del crimen «en la escalera» del portal de su suegra. De acuerdo con su versión, fue a verla pero la mujer no le abrió la puerta y se marchó con el dinero, que «guardó» en su asador.
Se da la circunstancia de que la víctima apareció muerta en un dormitorio junto a una caja fuerte en cuyo interior «desaparecieron al menos 6.200 euros», según remarcó el miércoles la hija de la fallecida y ex esposa del detenido. Este dato lo ratifican otros familiares de la víctima.
Hacha y martillos
Los peritos también arrojaron luz sobre otras incógnitas que todavía rodean al caso. Es conocido que la camisa que vestía el imputado el día de autos -y que podría aportar pruebas determinantes, como restos de fluidos o cabellos- jamás ha aparecido. En cambio, los agentes sí se llevaron al laboratorio otras prendas que, según la investigación, Talegón tenía puestas en la mañana del crimen.
El análisis de esa ropa fue concluyente. Los peritos no hallaron «ningún» resto de sangre en las dieciséis prendas. Entre ellas estaban los calcetines, los zapatos y los pantalones vaqueros de color azul que, según la acusación, llevaba puesto el hostelero en el momento del crimen.
Este argumento reforzó las tesis de la abogada defensora del imputado, que insistió en que si Talegón hubiera matado a su suegra «debería tener manchas de sangre» en las piernas porque las salpicaduras halladas en el dormitorio se concentraban a esa altura.
El análisis científico corroboró asimismo la ausencia de sangre de la víctima en dos martillos, un hacha y unos guantes de látex encontrados en el asador del hostelero. Los peritos confirmaron que el cuadro que cubría la caja fuerte «carecía de huellas dactilares».
Los testimonios de la vista oral celebrada ayer pusieron de relieve una contradicción del acusado. En su declaración del lunes, Talegón aseguró que en la mañana del crimen había entrado en un bar a tomar «una cerveza sin alcohol. Había quedado con Josu, de la asociación, y me fui por la calle El Torno...», prosiguió. Esta persona, amigo personal y fundador de la agrupación vecinal Barrenkale, compareció ayer ante el tribunal. Un abogado le preguntó qué hizo el 6 de agosto de 2006. «Yo ese día estaba en Alicante», respondió.
i.cueto@diario-elcorreo.com









