
Por supuesto, los ciudadanos no dudaron en desplegar todo su armamento espiritual, coro incluido, para invocar a Dios en busca de ayuda. De un tiempo a esta parte, Perdue ha promocionado una novedosa fórmula para contrarrestar la sequía basada en jornadas de oración mezclada con otros métodos de concienciación y conservación de recursos acuíferos. Prueba de ello es que este baptista se ha convertido en todo un símbolo de la unidad cristiana y ha conseguido aunar a todas las ramas eclesiásticas para implorar la llegada de chubascos a la región.
Durante los últimos meses, las regiones del sureste estadounidense han visto como sus niveles de agua descendían dramáticamente hasta el punto de amenazar las reservas para el consumo humano. Con este panorama tan poco alentador, el Gobierno estatal de Georgia no ha dudado, incluso, en querellarse con otros estados como el de Florida o Alabama tras no alcanzar una acuerdo sobre la cantidad de agua que puede trasvasarse. Gracias a Dios, nunca mejor dicho, que la intercesión de la Administración Bush consiguió calmar el asunto.
La decisión del Ejecutivo encabezado por el líder republicano, sin embargo, no frenó las ansias de los vecinos de Atlanta, que el martes se reunieron frente al Capitolio del estado para entonar sus oraciones y esperar un milagro. Las plegarias debieron tener algún efecto porque escasas 24 horas después el cielo descargó una fina lluvia. Eso sí, todos los indicios apuntan a que la próxima vez habrá que rezar más alto o atraer a un mayor número de feligreses puesto que la tormenta apenas pudo paliar la tremenda sequía.
Tradición política
En cualquier caso, parece que el rezo es una práctica de lo más extendida entre los políticos estadounidenses a la hora de hacer frente a las adversidades meteorológicas. Antes que Perdue, su homólogo en Alabama, Bob Riley, organizó el pasado junio un evento similar en busca de la lluvia. Curiosamente, Riley heredó esta insólita costumbre de sus predecesores en el cargo Guy Hunt y George Wallace.
Durante la sequía que afectó al 36% de EE UU entre 1987 y 1988, Hunt, por entonces gobernador de Alabama, convocó un rezo comunitario en todo el estado suplicando por la llegada de una tormenta. Coincidencia o no, aquella vez alguien se hizo eco de sus plegarias y la lluvia comenzó a remojar la zona un día más tarde, seguida de tormentas que duraron semanas.







