Saltar Menú de navegación
Hemeroteca |

Local

Estás en: El Correo Digital > Local
ÁLAVA
Los 30 amigos de Satur
Los indigentes que duermen en las calles de Vitoria tienen un ángel de la guarda que les visita con una manta o un pitillo. Satur García realiza esta increíble ronda desde hace 15 años
18.11.07 -

Cerrar Envía la noticia

Rellena los siguientes campos para enviar esta información a otras personas.

Nombre Email remitente
Para Email destinatario
Borrar    Enviar

Cerrar Rectificar la noticia

Rellene todos los campos con sus datos.

Nombre* Email*
* campo obligatorioBorrar    Enviar
Los 30 amigos de Satur
A LA INTEMPERIE. Cada dos o tres noches, Satur visita a indigentes que, como Carlos, duermen en la calle. / FOTOS: IGOR AIZPURU
La vida le brindó una segunda oportunidad. Pudo haber puesto el cronómetro a cero, empezar de nuevo y olvidar. Pero Satur García decidió invertir su 'chance' en los demás, en todas esas personas para las que vivir no es más que respirar; que despertar sobre un cartón cada mañana con el único aliciente de seguir vivos.

Satur tiene hoy 55 años y disfruta de una vida «cómoda y feliz». Pero en su retina y en su memoria conserva todavía los sinsabores de una existencia marcada por el abandono de sus padres, el alcohol y la indigencia. Por eso -porque «el pasado siempre está presente»- Satur lucha ahora por que nadie, «en una ciudad como Vitoria», duerma una sola noche bajo las estrellas.

Es algo así como un albañil de la buena voluntad. Cada dos o tres noches desde hace quince años, recorre las calles de la ciudad en busca de sus amigos indigentes. Los saluda, se interesa por su salud y les proporciona mantas o ropa de abrigo. En definitiva, se preocupa por ellos. Son unos treinta y acampan en lugares como la plaza de Santa Bárbara, la estación de autobuses, las inmediaciones de Renfe o los soportales de la avenida de Santiago. El jueves era día de visita y EL CORREO quiso acompañarle.

La cita se cierra el día anterior: a las diez de la noche en la plaza de Abastos. Satur llega puntual. A esa hora, los termómetros del centro de la capital marcan ya cero grados. «Hoy va a ser una noche dura. Se esperan temperaturas bajo cero y hasta los que suelen dormir en la calle habrán optado por cobijarse en algún albergue», advierte antes de emprender la marcha.

No importa. «Siempre hay alguien que pasa la noche a la intemperie», asegura. Y decide probar suerte por la zona de Arana. De camino, Satur se confiesa. «Con ocho días de vida -empieza a contar- me abandonaron en el asilo de Las Nieves, donde permanecí hasta los 21. Cuando salí, me las prometía muy felices. Creía que la calle era otra cosa, pero estaba solo en el mundo y la vida me castigó». Empezó a beber de más, perdió su trabajo y llegó a dormir en la calle. «Había días que llegaba tan mal que no acertaba a meter la llave».

Hasta que a los 25 tuvo el valor suficiente para plantarse ante sí mismo y decir: «Hasta aquí hemos llegado, Satur». Ni Carlos, ni 'M' -así quiere que se le identifique- han tenido esa suerte. A sus 51 y 38 años, respectivamente, la calle es su único refugio. Yacen -«porque dormir no dormimos en toda la noche»- cobijados bajo la entrada al almacén de la UAGA, en la plaza Simón Bolívar. «Hola Satur». Carlos no para de toser. Una neumonía le llevó hace tres semanas al hospital y aún no está recuperado.

«Necesitamos ayuda»

«¿Quieres que vayamos a Urgencias?». Respuesta negativa. Once años en la calle -a causa de una ruptura matrimonial que nunca llegó a superar- han sido demasiados para sus ya muy castigados pulmones. Aún así, Carlos sigue soñando con salir algún día del pozo en el que está metido. «Pero para eso necesitamos ayuda», le interrumpe 'M'. «Yo soy hijo de Vitoria y ni siquiera recibo ayudas de emergencia social. Mi madre murió hace tres años. Fue algo repentino, me quedé solo y me enganché a la droga. Desde entonces, vivo en la calle y nadie me apoya». Salvo Satur.

Él es uno de los impulsores del centro para indigentes con problemas graves de adaptación que abrirá en breve sus puertas en Betoño. «Por el momento» tendrá capacidad para 16 personas y, a juicio de Carlos y 'M', puede ser su tabla de salvación. Y es que, «la calle -coinciden- es, a la vez, la mejor y la peor escuela». Antes de despedirse hasta el día siguiente, Satur le ofrece a Carlos su último 'trujas'. «Mañana -les dice- os traeré mantas y ropa de abrigo».

Comprometido -sobra decirlo- y cumplidor, Satur se presenta de buena mañana en la plaza de Abastos con tres bolsas llenas de ropa. La noche no ha dado más de sí -cinco grados y medio bajo cero son demasiado pocos- y la visita tiene que aplazarse hasta la mañana siguiente.

Son las diez y en la plaza de Santa Bárbara el día comienza para media docena de indigentes. Han pasado la noche en el Aterpe, «pero a las nueve nos echan a la puta calle». Ni lo entienden, ni lo comparten. Martín tiene 58 años, ha trabajado como cocinero, albañil o quitanieves, y es diabético. Las úlceras devoran sus piernas, tiembla de frío y tiene hambre. Pero con 312 euros mensuales que cobra de pensión, este riojano afincado en Vitoria desde hace más de tres décadas no puede aspirar a una vida mejor.

«Si los políticos se lo tomaran en serio... El problema es que ayudar cuesta mucho dinero y esta gente no da votos». Ni los da, ni los quita.
Opina

* campos obligatorios
Listado de comentarios
Vocento
SarenetRSS