«Creo que el big-bang del sindicato surgió del mitin del 1º de Mayo de 1976, en el Instituto D'Elhuyar. No teníamos permiso y los 'grises' nos esperaban fuera, pero se celebró», afirma Díez Macón, que, con poco más de 30 años, era entonces enlace sindical de Electricidad Ignacio Soria y había defendido desde años atrás una labor de reivindicación obrera. «Casi no tuve tiempo de ver crecer a mis hijas, nunca guardé la clandestinidad y, aunque me esperaba 'la pública' algunas veces, aún guardo amistad con algunos policías de entonces», señala.
Fueron momentos «apasionantes y apasionados», señala. Aunque también hubo otros amargos. Su disputa con el socialista Javier Sáenz Cosculluela sobre si el sindicato debía ser una extensión del PSOE o mantener su independencia (tesis que Macón defendía) le llevó a su expulsión de UGT, una decisión que materializó después su sucesor en el cargo, José María Buzarra, quien afirma que, hoy en día, «es seguro que todo habría sido distinto».
Díez Macón también cayó en desgracia y fue vorazmente perseguido por los empresarios de entonces. No le ofrecían trabajo y tuvo que montar en Oyón un taller de electricidad. «Los sindicatos tienen un gran futuro. Hemos conseguido las libertades formales y hay que ir a por las reales», precisa ahora, ya jubilado, aunque todavía con carnet ugetista.
Su sustituto al frente de UGT-Rioja fue un joven de 22 años que había sido aprendiz en la Imprenta Moderna, en Joyería Santamaría y en Lámparas Escobar y que, cuando resultó elegido, durante el primer congreso regional del sindicato en junio de 1978, trabajaba en Automoriz. José María Buzarra 'reinó' en el sindicato durante casi 25 años, hasta la primavera de 2002. Hoy es el director del Instituto de Formación y Estudios Sociales (IFES). «Nací en el barrio obrero de San José, estuve muy vinculado a los movimientos de los jóvenes y topé con Javier Sáenz Coscuella, Florentino Santamaría, Pedro Luis Díez Macón y Natalio López, que estaban defendiendo a compañeros».
Huelga general del 88
De su primera etapa recuerda la desaparición de empresas como Policlínica Clavijo, Beytesa o Carrocerías Maiso y señala con pesar la huelga general de 14-D de 1988 por lo que supuso de ruptura con el PSOE. «A mi no me sirven los sindicatos que no manifiestan con claridad qué ideología tienen y se limitan decir que son entes constitucionales y negociadores porque, si se obvia la ideología, es que hay algún motivo», explica. De ahí que se siga considerando un «torero» que, por mucho que se corte la coleta, no descarta lidiar, aunque esta vez en el ámbito político.
Desde su punto de vista, «en los países donde no existen los sindicatos, anhelan tenerlos. Está vigente una serie de retos respecto a los inmigrantes, la participación laboral más allá de los puestos de trabajo, la juventud y la mujer. Todo esto frente a la visión mercantilista de los 'neocom'».
Buzarra decidió no presentarse a la reelección en 2002. «Habría sido un acto de soberbia y eso era innecesario». Al máximo puesto de dirección de UGT-Rioja ascendió entonces Carmelo Cabezón, que había sido su secretario de Organización y que actualmente es concejal socialista en el Ayuntamiento logroñés. «No recuerdo nada negativo de mi etapa como secretario general, siempré traté de buscar el consenso y el debate conjunto dentro de la UGT es lo que más me ha enriquecido». Su carrera sindical comenzó en Sabeco. De trabajador a presidir el Comité Intercentros.
«Como secretario de UGT, me hubiera gustado ser más reivindicativo en temas relacionados con las infraestructuras y eso me dejó sinsabor, porque se pudo hacer algo entre empresarios y sindicatos, pero el Gobierno regional puso muchos impedimentos». Ahora, desde su despacho de concejal, su visión es distinta. «Cuando salí elegido concejal, alguien me dijo que hasta ahora había sabido lo que era 'querer' y ahora iba a comprender lo que era 'poder' hacer cosas».
Capacidad de movilización
No obstante, Cabezón dice con cotundencia que las organizaciones sociales de clase «van a tener que decir mucho dentro y fuera de la empresa. Su capacidad de movilización no se puede negar y por eso desearía una mayor afiliación para mejorar lo bueno de la UGT y modificar lo malo».
En 25 de abril de 2007, Javier Granda 'heredó' casi 15.000 afiliados y un sindicato que cuenta con un presupuesto de casi tres millones de euros. Amigo de cuadrilla de Buzarra, ya participaba en los albores de la UGT cuando sus escasos militantes se reunían en el despacho de Cosculluela o en la farmacia de Fernando Martínez. Fue secretario nacional de Correos y de la FSP y concejal socialista logroñés en la oposición. Reingresó como funcionario en Correos y se decantó por la lucha vecinal en el barrio de Madre de Dios. En sus pocos meses al frente de UGT se vislumbra un cambio de estilo. Para empezar, ya ha dicho que los acuerdos laborales deben alcanzarse sin la presencia del Gobierno regional. «Tiene que haber un 'cara a cara' con los empresarios», precisa. «Javier lleva el sindicato como yo lo habría llevado», asegura Díez Macón al analizar la nueva etapa.






