
Desde 2004, este ambulatorio desarrolla un programa de ayuda a personas que no superan la muerte de un familiar. La iniciativa fue impulsada por la jefa del centro sanitario, Begoña Ormaechea, aunque en la actualidad es la médico de familia y psicoterapeuta María Eugenia Azpeitia quien se ocupa del servicio. En los tres años que lleva desarrollándose, 72 personas -algunas adscritas a este centro de salud y otras procedentes de diferentes zonas de Vitoria- han acudido a estas dos profesionales en demanda de apoyo para salir de una situación que afecta de manera muy negativa a su salud física y psíquica.
El tratamiento, detalla María Eugenia Azpeitia, consiste en una terapia, primero individual y después, en grupo. En esta sesiones, los pacientes hablan de la persona que han perdido y su relación con ella; examinan los sentimientos de todo tipo -cólera, tristeza, culpa- que esta situación les provoca. El intercambio de experiencias en grupo les permite identificarse con otras personas y romper su aislamiento.
«Este servicio es muy importante porque ayuda a las personas a exteriorizar las emociones, a expresar sus sentimientos, algo que no suele hacerse porque la sociedad no deja espacio para expresar el dolor», señala Azpeitia.
Depresiones
La psicoterapeuta resalta que muchos dolores y malestares inexplicables para los médicos esconden, en realidad, un duelo patológico. De hecho, estudios científicos apuntan que el promedio anual de consultas es un 80% mayor en estas personas que en el resto de la población. Además, el riesgo de depresión cuando se enviuda se multiplica por cuatro y, en muchos casos, se abusa del alcohol. Está comprobado que la mitad de las viudas toma algún psicofármaco en los primeros dieciocho meses tras la muerte de su cónyuge.
Una psicoterapia a tiempo contribuye de manera decisiva a aminorar estas situaciones consecuencia del sufrimiento. En el caso de Amelia, poder hablar abiertamente de su fallecida madre «rebajó de forma significativa su nivel de ansiedad».









