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«Es una ruina, sólo cuentan lo malo»
Alumnas de Corazonistas creen que las comunicaciones por Internet de los profesores a los padres les cohíben en el colegio, «un lugar que para nosotras supone una liberación»
19.11.07 -

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«Es una ruina, sólo cuentan lo malo»
Por la izquierda, Sandra Aragón, Marta Angulo, Garazi Cordero, Nagore Corres, Olatz Sarasti, Sandra Cubillas y Judit Lasconateguy. / N. GONZÁLEZ
Once de la mañana en Corazonistas. El patio se llena de alumnos que disfrutan del recreo. A cubierto porque llueve, siete quinceañeras de cuarto de la ESO hablan de sus cosas, mientras dan cuenta de una napolitana de chocolate o una manzana, que no sólo de bollería industrial se alimentan los adolescentes. «¿Qué os parece esto de que vuestros padres puedan saber desde casa lo que hacéis en el colegio, sólo con encender el ordenador?», interrumpe la charleta del grupo una periodista. «Es una ruina», contesta Sandra Aragón sin cortarse un pelo y eso que el director, Eduardo Salazar, está junto a ella.

Se explica. «Sólo cuentan que hemos hecho o dicho algo malo, pero no todo lo que hacemos bien», dice en referencia a los comentarios que los profesores pueden hacer sobre el comportamiento del alumnado. «Además, no se tiene en cuenta que un día malo lo tiene cualquiera», se queja.

«Es un buen sistema para ellos, para nosotras no tanto», apostilla Nagore Corres. «Ellos» son los padres «que te pueden pillar sin que tú lo sepas», añade. En un arranque de sinceridad típico de la edad, comenta que ella, una chavala que se porta bien, ya ha sido 'víctima' de la red de redes por una «tontería». «Un día iba por un pasillo y me asomé a la clase de Informática y como distraje un ratito a la gente hasta que el profesor se dio cuenta, pues me cayó una regañina. No pensé que mis padres se iban a enterar y mira por donde...», dice entre risas.

Adoran los ordenadores. Se pueden pasar horas chateando, enviando e-mails o jugando, pero si Internet se convierte en un chivato, la cosa cambia. «Los 'profes' no deben 'colgar' todo lo que hacemos. Vale con que pongan las notas que vamos sacando en los exámenes, pero todo lo demás yo creo que sobra», comenta Garazi Cordero.

Marta Angulo prefiere que no se dé mucha publicidad a esta aplicación de la red de redes porque «por ahora no veo a mis padres muy interesados en esto, la verdad». Algo similar le ocurre a Olatz Sarasti y Judit Lasconateguy, quien «ni siquiera sabía que esto existía».

«Nos cortan»

En el último curso de la Secundaria, las adolescentes saben exponer sus argumentos con todo lujo de detalles. «Si lo importante son las notas ¿por qué tienen que poner otras cosas como que hablamos mucho en clase. No debía ser así porque nos cortan», comenta Garazi. «Desde luego, para nosotras esto no es nada bueno», apostilla Marta.

En este punto, vuelve a intervenir Sandra Aragón. La alumna expone un razonamiento contundente. Es una adolescente a la que le gusta ir clase. Es el lugar en el que se encuentra con sus amigas y amigos, con los que se expresa sin cortapisas . En esta etapa de su vida, el colegio es un sitio en el que se siente bien. Por eso no termina de entender que Internet pueda servir «para que los padres estén al tanto de todo». «El colegio es para mí un lugar de liberación», llega a decir.
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