
La agrupación aportó además datos sobre las situaciones que en la actualidad viven los afectados. «58 personas son huérfanos de padre y madre, y tienen que vivir con hermanos y cuñados. A ellos, hay que sumar 85 discapacitados cuidados por un progenitor viudo. Y el resto, 86, reside con sus padres, que en su mayoría superan los 70 años de edad», detalló Nacho Loza, director de Apdema.
Ante este panorama, el colectivo abogó por impulsar un plan de viviendas colectivas, que permita abrir cada año un hogar para discapacitados. «Tampoco vamos a alarmar a la población, pero cuando se queden solos por un fallecimiento o porque la persona que ahora se hace cargo de ellos ya no puede hacerlo más, ¿a dónde van a ir?», se preguntó Loza.
En la actualidad, la provincia cuenta con once viviendas, gestionadas por Apdema a través de un convenio de colaboración suscrito con el Instituto Foral de Bienestar Social. En ellas, se atiende a un total de 134 personas con discapacidades intelectuales, que pueden vivir de manera autónoma. «A cada diez usuarios les cuidan cinco o seis monitores, en función de las necesidades que tenga la persona del hogar de grupo», detalló el director de Apdema.
Añadió que ya se han producido contactos con la institución foral y «la actitud de Covadonga Solaguren es muy positiva», reconoció Loza.
Vida independiente
El responsable de Apdema insistió asimismo en la importancia de «afianzar» el programa de Apoyo a la Vida Independiente (AVI), desarrollado también por la asociación que preside. «A las instituciones les saldría más barato», señaló.
Y es que las personas con discapacidad intelectual que acceden al AVI viven solas en su propia casa, fuera de la red de servicios sociales, aunque con apoyo de monitores.
La tercera petición que la asociación realiza, en este caso al Departamento vasco de Vivienda con, pasa por «fomentar el acceso de los afectados a un apartamento de alquiler social».









