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Vitoria mira al Oviedo Antiguo
El coqueto y vibrante Casco Viejo de la capital asturiana encarna el sueño de la 'almendra': resucitar con pulso económico y social

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Vitoria mira al Oviedo Antiguo
AYUNTAMIENTO. Totalmente reformada, la plaza de la Constitución es uno de los centros neurálgicos del Oviedo Antiguo. / FOTOS: IGOR AIZPURU
«Oviedo es una ciudad deliciosa, exótica, bella, limpia, agradable, tranquila y peatonalizada. Es como si no perteneciera a este mundo, como si no existiera. Oviedo es como un cuento de hadas...». Cuando Woody Allen visitó por primera vez la capital asturiana en octubre de 2002 -lo hizo para recoger el premio Príncipe de Asturias de las Artes- describía una ciudad que nada tenía que ver con la vieja Vetusta que don Fermín de Pas, el agraciado magistral catedralicio protagonista de 'La Regenta' de Clarín, divisaba con su indiscreto catalejo desde la torre de la catedral allá por el siglo XIX.

El magistral y su amada, Anita Ozores, no darían crédito a sus ojos al contemplar cómo los operarios del Ayuntamiento se esmeran hoy en limpiar las nuevas baldosas a conciencia con agua y jabón. Don Fermín de Pas se frotaría los ojos una y mil veces al comprobar que las que describía entonces como «viviendas viejas y negruzcas» lucen ahora con sus fachadas restauradas, coloridas y ornamentadas. Y se alegraría al ver que esa imagen rancia, inmovilista y decadente que Leopoldo Alas dejó plasmada en su novela forma parte del pasado. De un pasado que en 1991 se convirtió en Historia.

Pero, ¿qué o quién propició la modélica transformación ovetense? ¿De qué manera se llevó a cabo? ¿Por qué Oviedo logró en tan sólo cinco años lo que Vitoria no ha conseguido en más de dos décadas? Distintos urbanistas, políticos y agentes culturales de la capital vasca se lo han preguntado varias veces y, de hecho han visitado la ciudad en distintos momentos para averiguar si su fórmula mágica se puede trasladar o, al menos, tomar alguna idea para transformar un barrio que languidece en una zona vibrante y de oportunidades, como el Born de Barcelona, el Chiado de Lisboa o el Casco Viejo de Bilbao.

Decisión «traumática»

En la capital asturiana, el punto de inflexión lo marca el año 1991, cuando el 'popular' Gabino de Lorenzo accedió a la Alcaldía de la ciudad con la determinación de convertir un foco hasta entonces de «marginalidad, prostitución y tráfico de drogas» en una zona viva. No hubo medias tintas. «Después de muchos años de debates estériles se tomó la decisión, traumática al principio, de peatonalizar todo el Oviedo Antiguo», explica a EL CORREO el hoy concejal de Urbanismo, Alberto Mortera.

Vecinos, comerciantes, hosteleros, repartidores, taxistas... Todo el mundo se echó entonces las manos a la cabeza. «Hubo muchas quejas», admite Amparo Alonso, a las puertas del comercio de plantas y semillas que regenta desde hace dos décadas en la plaza de Trascorrales. «Pensábamos que si los coches dejaban de entrar, el comercio se hundiría, pero el casco antiguo recuperó el pulso».

Lo hizo en apenas cinco años. Gracias a una inversión municipal que superó en una primera fase los 30 millones de euros -la aportación de las arcas públicas ronda hoy los 100 millones de euros- se peatonalizaron 31 calles, se reformó en profundidad el pavimento -unas 25 hectáreas de superficie- se renovó el mobiliario urbano, se intensificó la limpieza y se promovió la rehabilitación integral de más de un centenar de fachadas declaradas hasta entonces en ruina.

Pero, a diferencia de Vitoria, la cosa no quedó ahí. La transformación de su parque inmobiliario ha ido de la mano de una revitalización económica y social fundamental. Algo que claman minoristas y vecinos del casco vitoriano, donde el Ayuntamiento ha invertido en los últimos 23 años más de 120 millones en rehabilitar casi 3.000 de sus 4.000 viviendas. Pero sus calles sigue sin apenas vida, salvo la hostelera de las madrugadas de los fines de semana que, de día, brilla por su ausencia.

Coches y ratas

En Oviedo recuerdan muy bien cómo era su parte vieja en el 91: «Una zona prácticamente despoblada y sin actividad económica», detalla el edil de Urbanismo. Hoy viven más de un millar de vecinos y se han abierto unos doscientos locales comerciales y de hostelería. ¿La clave? «La iniciativa privada. Las inversión municipal es imprescindible, pero el Ayuntamiento no puede convertirse en promotor urbanístico. Debe conseguir que se den las condiciones adecuadas para que una zona resulte atractiva desde el punto de vista inversor. Y eso es lo que se ha hecho en el casco histórico», apunta Montera.

Oviedo saca hoy pecho. Su 'corazón' atascado de coches y suciedad, «incluso había ratas», es pasado. No sólo se ha modernizado la estética de la ciudad. También, las costumbres de sus habitantes han cambiado. La sidra -sobra decirlo- sigue siendo santo y seña de la ciudad, pero «el viejo chigre con olor a rancio y con el suelo lleno de serrín para secar los restos del elixir de la manzana ha pasado también a la historia».

Lo dice Julián Carro, desde la barra de uno de esos bares de vanguardia donde la sidra, más bien, brilla por su ausencia. «La recuperación del patrimonio ha sido la excusa perfecta para tener un casco histórico de calidad, donde se pueda pasear, tomar unos vinos, hacer la compra o sentarte en una terraza a descansar».

Con todo, no hay que escarbar mucho para descubrir que el rancio abolengo que caracterizó a muchas capitales de provincia no se ha evaporado del ambiente.
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