
CAJA RIOJA
PLASENCIA-GALCO
EL PARTIDO
Funcionaron las rotaciones. Principalmente en el exterior, con más alternativas en el banquillo -Hilliman era baja y tampoco jugará hoy-. Pero todos aportaron por el bien común. Baloncesto, como lo entienden los puristas.
El efecto Begar vino acompañado del efecto Wells, que debutó un día después de su regreso a Logroño. El norteamericano ha generado una ola de optimismo que ha ocultado la marejada de resultados. El pasado juega a su favor y ha ilusionado a la parroquia. Mucho. Acepta encantado su papel, aunque es el primero que debe tomárselo con calma. Sus ganas de agradar y de confirmar las expectativas pueden traicionarle. Pero su presencia ya contagia ilusión.
Raza tiradora
En éstas llega el Plasencia-Galco, que esta misma semana ha añadido a su denominación Extremadura, tras la contribución recibida de la Junta. Es el máximo anotador de la categoría y uno de los colíderes. Llegó anoche a Logroño sin su base Mario Fernandes, lesionado desde hace casi un mes, y sin su alero Enrique Suárez, perdido para la causa en la última jornada. El regreso de Zoller y Fort compensan las pérdidas. Sala advierte de que Blair, el Stevie Johnson de los visitantes, no debe obsesionar. Todos tiran y suman. Con premura.
Defender y cerrar el rebote, pide el técnico de los riojanos. Sin el concurso del holandés Hilliman Stevie, Chufi y Herrero multiplicarán su trabajo. Aunque al norteamericano no se le puede exigir más. Cada partido está siendo para él una exhibición personal. De movimientos interiores, de entradas a canasta, de lanzamiento exterior, de rebote. Que no se sacie.





