
Además de la rotura de lunas, las mamparas que resguardan del frío y la lluvia a los viandantes se han convertido en tableros de libre expresión. A las pintadas se une una gran cantidad de carteles de propaganda política.
Ayer, portavoces del Ayuntamiento aseguraron que «se trabaja en un contrato de mantenimiento en condiciones», pero el deterioro provocado por la actuación vandálica de octubre no se ha solventado aún. El equipo de gobierno municipal quiere firmar un convenio para el cuidado y la limpieza de los tapices rodantes y estudia sustituir los cristales por «otro material» para acelerar la reposición de las lunas rotas.
Durante un coloquio mantenido hace diez días por el alcalde con una representación de ciudadanos en EL CORREO, Patxi Lazcoz reconoció que las escaleras mecánicas se encuentran «en un estado lamentable». Avanzó entonces la idea de conseguir «un contrato propio de limpieza y mantenimiento que evite que durante tanto tiempo tengamos que padecer una imagen más propia de Bosnia-Herzegovina».
En ese mismo encuentro, el regidor socialista se comprometió a crear ese servicio, así como a estudiar la sustitución de los cristales por plástico u otro material. El objetivo, según el alcalde, es actuar con más celeridad y ahorrar en la factura para las arcas municipales.
El debate del material
No obstante, la pretensión de renunciar al cristal encuentra la oposición de Roberto Ercilla, uno de los arquitectos que ha diseñado las premiadas rampas de acceso al Casco Medieval. Ercilla entiende que las mamparas actuales «no son tan caras ni tan difíciles de sustituir» y en una entrevista a este periódico subrayaba que si el plástico fuese mejor «lo tendrían los bancos en sus escaparates o los 'fosteritos'», entradas al metro bilbaíno.
Desde su apertura el 16 de marzo, las escaleras mecánicas han sido el objeto de numerosos actos vandálicos que, en algunos casos, han inutilizado los mismos tapices. Ambas, las de la Soledad y las de San Francisco Javier, han costado seis millones de euros.









