La Vidal se arrancó ronca y nerviosa con 'María la portuguesa' y 'Habaneras de Cádiz'. Nos temimos lo peor, pero lloró de emoción (o eso simuló) y no tardó en imponer su teatralidad tanguera, cabaretera, cañí.
En la tercera pieza se atemperó la folclórica de garganta ronca («canta mucho», juzgaron las señoras a nuestra vera izquierda) y a partir de entonces todo brotó de modo natural. 'Sin ti no puedo vivir', inspirada en Andalucía, provocó su primer llanto, y el pasodoble clerical 'Alacena de las monjas' sirvió para que se recreciera. Cambió de atavío durante un instrumental, cumplió el mentado par flamenco y se atrevió con clásicos transversales tipo 'Me embrujaste' del gran poeta popular Rafael de León o un 'Ojos verdes' que no bordó. Se secó el sudor facial con klínex y recordó 'María de la O' (que tanto éxito le dio en la Expo, dice) y 'Lo saben' (con la que ganó 'Gente Joven') para rematar un show que pronto recreará con más serenidad y tronío.





