
-Usted es un especialista de la química combinatoria. ¿En qué consiste?
-Es un paso adelante en la creación de fármacos. En vez de preparar las moléculas de una en una, de dos en dos o de tres en tres, lo hacemos en mucha mayor cantidad, de diez en diez, de cien en cien o de mil en mil. Podemos investigar mucho más en menos tiempo y aumenta la probabilidad de hallar lo que se busca.
-Se dice que es una verdadera revolución en el laboratorio.
-Esta tecnología ha ayudado mucho, como lo hace la genómica o la proteónica. Son herramientas de las que disponen los grupos académicos como el nuestro o a las empresas farmacéuticas para poder tener muchos medicamentos disponibles en el mercado.
-Del uno al diez, ¿dónde estamos en la lucha contra el cáncer?
-La pregunta es difícil porque hay muchos tipos. En algunos estamos en el ocho o en el nueve y en otros, desgraciadamente, en el dos o en el tres. Esa es la realidad y la gente debe darse cuenta de que se ha avanzado de una forma muy notable. No sólo en la curación, sino también en la prevención. Cuestiones como la dieta, el estrés o el tabaco son factores de riesgo que se tienen en cuenta. Hay cánceres que se pueden curar y erradicar completamente. La perspectiva es muy optimista pero hay casos todavía muy difíciles en los que se investiga activamente.
Las farmacéuticas
-Cuáles son los cánceres más estudiados?
-No importa tanto el nivel de investigación como el de éxito, porque son mucho más complejos. No soy médico, pero puedo decir que los más difíciles son el de páncreas, el sistema linfático, pulmón, algunos de mamas Y dentro de los mismos los hay más o menos agresivos, porque depende también de cada paciente. Pero hay que ser optimista porque la investigación está siendo muy intensa en todos los campos. Y creo que los avances se notan año tras año.
-Se suele criticar a las empresas farmacéuticas que sólo buscan negocio con determinadas enfermedades. Y sin embargo, son las que sacan los nuevos medicamentos.¿Tanto se depende de ellas?
-Absolutamente. No hay quien pueda abordar una investigación tan cara sin esa capacidad financiera. A cambio, ellos la distribuyen y tienen beneficios, pero es verdad que una parte de ellos se va a nuevos proyectos. Les interesa más el primer mundo, pero esa es una realidad en cualquier sector económico.
Colaboración
-¿Por qué no se unifican las investigaciones? Da la sensación de que cada país va por su cuenta.
-No es cierto. Los países desarrollados tienen sus propios programas tecnológicos. Pero no todo el mundo hace lo mismo. Se trabaja desde distintos puntos de vista. Lo importante es la colaboración entre científicos para que uno más uno más uno no sean tres sino cinco, por aquello de las sinergias.
-A qué nivel está España?
-Muy comparable al nivel europeo. Hay muchos centros y grupos de trabajo. Quizás lo que nos falte es poner en el mercado un fármaco, porque no tenemos una industria propia, por ahora. Se atisban pequeñas empresas.
-¿Qué mensaje da el investigador a los enfermos?
-Estamos ante un problema humano y social muy importante. El cáncer lleva muchos más años que nosotros en la realidad humana y la investigación ha empezado relativamente hace pocos años. Pero todo el trabajo que se desarrolla hace presagiar que será una enfermedad, si no eliminable, sí controlable. Mejorará la calidad de vida del enfermo y el pronóstico será cada vez más rápido.
-Usted investigó la intoxicación masiva por aceite de colza desnaturalizado, pero no llegó a ninguna conclusión.
-Desde el CSIC estuvimos muy cerca de una conclusión final sobre los compuestos sospechosos causantes de la enfermedad, pero se suspendieron las investigaciones por decisiones políticas y económicas. Sin embargo, se crearon equipos capaces de hacer frente a un problema alimentario como aquél.







