«El monasterio sólo se podrá destinar a fines turísticos, de residencia, geriátrico, centro de rehabilitación para deportistas u otros usos análogos», explica el alcalde de Gordexola, Iñaki Aretxederra. El Ayuntamiento estipula otro requisito para la venta: el mantenimiento de su estructura, «aunque se realicen reformas en el interior». No será lo único que deberá respetar el plan de reforma, sino que también habrá de conservarse la capilla. «No se permitirá dar un uso distinto a los equipamientos de carácter religiosos», insiste el máximo edil.
El claustro ocupa una parcela de 8.000 metros cuadrados, aunque dispone de una superficie construida de 3.000. El Ayuntamiento de Gordexola ha establecido su precio base de salida al mercado en 1,6 millones de euros, pero las ofertas podrán mejorar esa cantidad. Un dinero para el que el Consistorio aún no ha decidido destino. «No queremos vender la piel del oso antes de cazarlo», dice su alcalde.
Arrasado por el río
La institución local adquirió el monasterio de Santa Isabel hace 22 años, cuando perdió su uso monacal después de que las monjas clarisas que residían en él decidieran abandonarlo. «Hace varios años que se intenta vender, y parece que por fin le ha llegado el momento», apunta Iñaki Aretxederra.
El convento fue levantado en el barrio de Ibarra, muy cerca del río Herrerías. Treinta años después de que lo construyeran, en 1496, una crecida destruyó por completo la abadía, que fue sustituida por el edificio actual. Era el único asentamiento de la orden franciscana en Las Encartaciones, y las monjas tomaron el nombre de San Andrés debido a la proximidad de una ermita dedicada a este santo.
Las religiosas atendían obras de caridad como visitar a los enfermos o amortajar a los difuntos, aunque también realizaban otro tipo de labores para pagar su sustento, ya fuera tejer lienzos o remendar ropa. La orden llegó a ser tan admirada en la región que no tardaron en unirse a ella mujeres de las familias más importantes del valle, formando una comunidad que llegó a reunir a una veintena de monjas.





