
-Asegura que siempre esquiva los números rojos. ¿Cómo planifica su economía mensual?
-Además de no hacer frente a una hipoteca, estudio con minuciosidad todos los gastos, y priorizo los más importantes, como el colegio de mis hijos o mi negocio, que gestiono con otro presupuesto diferente al que utilizo para los gastos domésticos. Y para ello hay que privarse de muchos caprichos innecesarios. Este mes ha sido inusual, por mi viaje a Lisboa. Pero solemos ahorrar más.
-Con dos hijos adolescentes, le lloverán las facturas
-En ese sentido, me siento muy orgullosa de los dos. Han aprendido a valorar lo necesario, y son muy responsables. No malgastan el dinero, y son muy ahorradores. Es cierto que los gastos escolares suman una gran cantidad, pero es el mejor regalo que les puedo hacer.
-Apuesta por el futuro laboral de Carlos y Juan.
-Quiero que vayan a la Universidad, y estudien lo que más les guste. Tengo muy claro que su educación no tiene precio.
-¿Por qué decidió estudiar medicina estética?
-Primero me gradué en Ingeniería Electrónica. Después descubrí la medicina estética. Es impresionante la cantidad de avances que existen en tratamientos mediante aparatos. Mesoterapia, drenaje linfático, masajes Me decanté por especializarme en esto. Realmente el concepto de esteticista se ha abierto a una gran cantidad de disciplinas.
Del país de las 'misses'
-Regenta un centro de belleza en Vitoria. ¿Fueron duros los comienzos?
-Va por rachas, pero la tendencia es que la demanda crezca. En Sudamérica es muy diferente. Allí se practica el culto al cuerpo. En España esta 'moda' no ha hecho más que empezar. Por algo es Venezuela el país de las 'misses'.
-Viaja por congresos de todo el mundo para estar a la última. ¿No le supone un gran desembolso?
-Es primordial estar a la última. He visitado Brasil, París, Londres, Milán La vida cada día es más exigente, y no te puedes quedar atrás en los negocios.
-Lleva seis años viviendo en Euskadi. ¿Cómo fue su adaptación?
-Nos sentimos muy felices en Vitoria. Se asemeja mucho a Puerto Ordaz, nuestra ciudad natal. Pero las ciudades venezolanas no son tan seguras. Y el bienestar de mi familia es mi única prioridad.









