
LOS DATOS
La meteorología respetó a quienes se acercaron ayer hasta Eibar y ya desde primera hora la animación se coló en el centro armero con el pasacalle a cargo de la Banda de Txistularis Usartza. Para esa hora, y tras el paso del jurado por los diferentes puestos, los feriantes comenzaron la venta de sus productos. Y, como ya ocurre de unos años a esta parte, la variedad era grande.
Desde pan, hasta frutas, pasando por repostería, quesos, txakolí... todo bien expuesto porque ya se sabe que lo que entra por los ojos termina en la bolsa. Las verduras y las frutas fueron las reinas de las bolsas, aunque muchos son fieles desde hace ya años a un trozo de queso, un buen pan de caserío o unas alubias. Además de los productos 'clásicos' que uno puede adquirir en la Feria de San Andrés, cada año destaca también algún que otro exótico cultivado por estos lares o los llamados ecológicos, estos últimos con cada vez más gancho entre los consumidores.
Y es que la búsqueda de la calidad ha sido una constante en las últimas ediciones de la feria eibarresa. «Los productos que nos llegan a Eibar tiene cada vez más calidad. Es un tema que antes, tal vez, pecaba de más descontrol pero ahora a todos los participantes se les exige la tarjeta de sanidad y el que no cumple con este requisito no participa en la feria», aseguró Javier Zorrakin, concejal de Festejos del Ayuntamiento de Eibar.
La presencia de eibarreses y visitantes, sobre todo a partir del mediodía, también fue valorada muy positivamente por Zorrakin. «Es un ambiente muy eibarrés. No sé si será por las fechas o qué, pero tal vez hay más ambiente ahora en San Andrés que en San Juan. O es completamente diferente -afirmó el edil armero-. Además, muchos eibarreses que trabajan fuera suelen coger el día libre si coincide entre semana para poder disfrutar de San Andrés», precisó momentos antes de la entrega de premios.
Entre cerdos y pavos
Y si los productos agrícolas de los caseríos son pieza fundamental en la Feria de San Andrés, la visita anual de los animales también concentra la atención de muchos eibarreses, sobre todo de los más pequeños tal y como se volvió a ver ayer en la plaza de Untzaga.
Si el año pasado las estrellas del mundo animal de Untzaga fueron los cerdos vietnamitas (que este año también repetían), en esta edición los que se llevaron la fama fueron cuatro grandes pavos blancos que no entendían muy bien el por qué de tanta expectación a su alrededor. A muchos les parecía extraña su fisonomía, a otros les recordaban gallinas gordas y los más les echaban algo para que picotearan.
Junto a ellos, los grandes cerdos, plácidamente tumbados, al lado del vietnamita de morro arrugado.
Los simpáticos burros también atrajeron la atención de los más pequeños, así como los pottokas, los ponis o las gallinas y conejos con cara de espanto ante tanta gente arremolinada.





