Aquella noche, el paciente, que sufría una desorientación espacio-temporal, intentó marcharse del edificio aunque una enfermera lo evitó, si bien sobre las 22.15 horas desapareció y fue encontrado tiempo después sentado en el exterior con hipotermia e hipotenso, con una herida en un pie y una fractura en la pelvis, que no le fue diagnosticada hasta la mañana siguiente.
La familia sospecha que su pariente se precipitó desde una ventana, ya que al día siguiente una de sus hijas encontró una zapatilla de su padre ensangrentada en un andamio que había junto a la fachada del inmueble. El abogado de la víctima considera que la enfermera de la planta en la que se encontraba ingresado el paciente y el médico de urgencias actuaron negligentemente pues, en su opinión, la primera debió atar a la cama al fallecido tras su primer intento de fuga, mientras que al segundo le reprocha que hicieran falta tres llamadas telefónicas para que acudiera a asistir al herido. Además, le recrimina que, aunque advirtiera de lo ocurrido al cirujano que operó al enfermo y al traumatólogo de guardia, no acertara a informarles de la gravedad de su estado pues «no lo exploró satisfactoriamente» y no detectó la rotura de pelvis que sufría.
Al día siguiente el enfermo fue ingresado en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) y falleció el 13 de febrero de 2002, tras ser devuelto a planta, a consecuencia de una parada cardiaca motivada por «un fallo multisistémico». En el juicio por estos hechos celebrado el jueves, el médico demandado dijo conocer que el fallecido era un enfermo de «alto riesgo» que era tratado con anticoagulantes y recalcó que su intervención fue correcta, ya que no respondió a las dos primeras llamadas que le hicieron porque estaba ocupado con otras urgencias. El facultativo defendió asimismo su intervención porque siguió las indicaciones que le dio el traumatólogo de guardia por teléfono y no detectó síntomas de una posible fractura ni de una hipotética hemorragia interna, por lo que le limpió la herida del pie y le estabilizó la hipotermia y la tensión sanguínea. La enfermera, por su parte, admitió que tras el primer episodio en el que no consiguió fugarse y en el que requirió sin éxito la ayuda del médico de urgencias, el paciente desapareció y fue localizado después en el exterior, tras lo que se puso en comunicación nuevamente con el doctor quien le indicó que cogiera una vía al enfermo y que le pusiera suero. Después descubrió una herida en el pie del paciente y volvió a comunicárselo al médico que entonces sí subió a planta para tratarlo.





