
De este modo, en cuestión de días se ha venido abajo un proceso que se ha prolongado durante mes y medio y que, a priori, parecía sencillo. Así, EB ha dado un giro de 180 grados al pasar de ser la opción preferente del PNV para aprobar los presupuestos a presentar ayer una enmienda a la totalidad de las cuentas -que afecta a un montante de 73 millones- y cincuenta parciales. «No estamos de acuerdo con ese proyecto que no redistribuye la riqueza y que mantiene la filosofía del cemento», manifestó Ferrera, quien explicó que las discrepancias en cuestiones medioambientales, la política fiscal «continuista» y la falta de aportaciones en acción social habían abierto una brecha entre EB y PNV.
Estos desencuentros dejaron una puerta abierta al PSE, que según recordó ayer Pastor, logró un pacto 'relámpago' tras la «frustración» de los contactos con Ezker Batua. El líder socialista también hizo alusión a la acusación de EB de que su partido se había 'vendido' «por un plato de lentejas», y señaló irónico que «por el precio de estas lentejas podríamos hincharnos todos a marisco». También sarcástico, el portavoz del PP en las Juntas Generales, Carlos Olazabal, aseguró que el PSE renuncia a ser la alternativa a los nacionalistas para convertirse en «la marca blanca» del PNV, «más barata pero con la misma calidad».





