El tío estaba solo ante el peligro y se arrancó con un cover de Deep Purple. Asiendo una guitarra de la tienda Passé Composse que nunca antes había usado, el friki feliz de Michelangelo se puso a solear como un poseso mientras de fondo (¿muerte a la humanidad, viva la tecnología!) se disparaba una base pregrabada con bajo, batería y más guitarras. La peña miraba boquiabierta y al acabar él se sonrió satisfecho, puso cuernos y se quitó la chupa para que le viésemos los tatuajes.
Esta primera pieza mostró todo lo que vendría, que sería de nivelón, pero aún apenas nos habíamos carcajeado. El segundo tema, instrumental como el resto, fue una composición variada que el yanqui del pelucón (por Dios, qué peluca) coló en un DVD que lanzó para enseñar a tocar y que resonó a lo Steve Vai con capítulos de clásica.
Y la cosa siguió con poses heavies (hilarante la argumentación de por qué toca por encima y por debajo del mástil: para atraer a las mujeres), virtuosismos (el repaso progresivo en plan Dream Theater), un tributo al difunto Randy Rhoads (espectacular como Paul Gilbert), versiones clásicas (Led Zeppelin, Gary Moore, Metallica en el bis) y un alarde de maniobrabilidad con una guitarra doble que parecía la cornamenta de un miura y que él atacó como a un piano, cruzando los brazos y siendo fotografiado por decenas de espectadores. Genio y figura el de un tipo que comentó que nunca se ha drogado e inquirió quién fumaba entre el público, pues le llegaba el humo.





