Vamos, que aceptan gustosos el capital, aunque preferirían que llegara de las capitales de origen sin pasar por la propia.
Afirman sentir que sus esfuerzos laborales no se recompensan debidamente, aunque para esfuerzo el de los tres inmigrantes marroquíes que pretendían llegar a España en una tabla de surf y empujados por remos de juguete; no hay color; bueno, parece que sí.
Y mientras estos peleaban por llegar a tierra, otros tres fantaseaban con volver a ver el mar, aunque el despiste de una ahora ex jueza retrasara el momento olvidándose de firmar su puesta en libertad; 437 días de más disfrutó uno de ellos del penal, y si apura un poco más con el cambio climático no llega a ver la costa, lo que nos recuerda que a los anteriores hemos de sumar también el suspenso en Kioto.
Ni siquiera queda ya el consuelo del típico aprobado en gimnasia, ya que su reducción horaria amenaza con acabar con el único contacto que algunos tienen con el deporte, si excluimos las ilegales e improvisadas carreras de Fórmula 1.









