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La tienda de los pájaros parlanchines
Myriam Ciervide vende todo tipo de mascotas en el aviario Brazil. «No gano mucho dinero, esto más que un negocio es una forma de vida», dice
02.12.07 -

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La tienda de los pájaros parlanchines
UN 'PIQUITO'. Está claro que Myriam y Maki se tienen mucho cariño. / BLANCA CASTILLO
Napoleón es una cacatúa macho de plumaje totalmente blanco. Sólo en la cabeza, en la que luce una espectacular cresta, el blanco de sus plumas se convierte en un intenso color amarillo. Parece nervioso. Su dueña asegura que es su estado habitual: «son animales muy activos, no paran quietos. Les encanta jugar, y también son muy sociables. Cuando están cerca de un desconocido lo miran, lo estudian, se acercan, se alejan... sólo buscan que les hagan caso». De cola larga, pico ganchudo y mirada inteligente, Napoleón es apenas una cría. Tiene siete años, y se pasa el día intentando llamar la atención de cualquiera que entre en el aviario Brazil, donde vive junto a jacos, papagayos y cotorras.

Pájaros tropicales, todos ellos con la capacidad de imitar el lenguaje humano y articular palabras o frases aprendidas. Myriam, la propietaria de la tienda de mascotas, lo explica así: «Que los pájaros lleguen a 'hablar' depende de factores como la edad, la personalidad - si, su personalidad-, el sexo y, sobre todo, que se haya criado entre humanos». Su vecino de jaula, Maki, un jaco plateado, es mucho más tranquilo y pudoroso. «Éstos sólo se acostumbran a una persona, que además tiene que ser de su mismo sexo. Una hembra nunca se llevará bien con un hombre, ni un macho con una mujer».

Cualquier mínimo cambio en las condiciones de luz o de temperatura altera a estos pájaros, por eso el aviario Brazil es, a ratos, una locura de graznidos, trinos y gritos. «Acabas por acostumbrarte, como los oficinistas al sonido del teléfono. A veces les ponemos cedés con cantos de otras especies, como jilgueros, y así, no sé por qué, prestan atención a lo que están oyendo y se olvidan de chillar».

Pese a que, por regla general, venden pájaros -canarios, agapornis, jilgueros o ninfas.-, en la tienda de mascotas se pueden encontrar todo tipo de animales: chinchillas, hamsters, jerbos, conejos, cientos de especies de peces... Myriam es consciente del alto precio de algunas especies, pero lo justifica. «Son pájaros criados en casa, acostumbrados a estar con gente, adiestrados... es normal que haya que rascarse un poco el bolsillo para adquirir uno». No es fácil ganarse la vida vendiendo animales exóticos. «Mucha gente entra a mirar, pero no compra nada. Lo que en realidad nos deja beneficio es la venta de jaulas, o de piensos para las mascotas». Myriam también es una experta peluquera canina, un servicio cada vez más demandado por los dueños de algunas razas de perros. «Una tienda de animales no es un negocio boyante, para mí es una forma de vida, hay algunos 'bichos', como Napoleón, que no vendería ni por nada del mundo. Están en la tienda como reclamo, en realidad no los quiero vender».

La moda de los reptiles

Sandra Villarreal trabaja en el aviario como dependienta,. También a ella le encantan los animales. «Últimamente se han puesto de moda los reptiles, que sólo comen animales vivos. Nosotros tenemos que vender pequeños roedores que servirán de alimento a estos reptiles. No lo hacemos por gusto, sino porque existe una demanda. Da mucha pena, pero al fin y al cabo, las serpientes también tienen que comer».
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