
«Se ve bien teniendo el ojo lleno de lo que se mira». La frase del escultor vasco sirve de prólogo a un libro con tapas de hierro oxidado y atravesado por un espacio libre en forma de cruz, como un túnel que salva una distancia de siglos. El lugar de encuentro entre las estrofas del 'Cántico espiritual' y la obra gráfica que mejor refleja el pensamiento místico de Chillida, quien siempre encontró inspiración en estos poemas.
Una cámara acorazada
No es el único ejemplo de fusión entre arte y literatura. 'La divina comedia' resulta más inquietante ilustrada con acuarelas de Dalí, que hizo su particular viaje al Infierno, el Purgatorio y el Paraíso en 1960 tras el rastro de Dante Alighieri. No hacen falta palabras para admirar 'Los 42 estudios sobre papel para el Guernica de Picasso' trazados con gauche, tinta sobre papel y lápiz en varios tonos. Aun así, queda esta dedicatoria para el recuerdo: «In memoriam de todos los que sin odio sacrificaron su vida en la guerra de España».
Estos ejemplares suponen placeres inesperados en una Biblioteca de investigación y reserva, volcada en los temas vascos y en la que, a diferencia de las municipales, no hay servicio de préstamo. Los títulos más valiosos viven recluidos en una cámara acorazada, en la última planta del gran contenedor de libros. Este es el reino privado del fondo de reserva, compuesto por más de 11.000 ejemplares entre incunables, obra antigua -anterior a 1800- y manuscritos. La mayoría pueden consultarse, página a página, a través de Internet, pero rozarlas con los dedos es casi imposible. Sólo se facilitan «a investigadores y bajo petición», explica la responsable de la Biblioteca foral, Montserrat Petralanda.
Su salud así lo aconseja. En el centro hay 40 libros impresos antes de 1500. El incunable más antiguo data de 1472, aunque los bibliotecarios destacan por su «gran belleza» un volumen más 'joven' con obras de Séneca. Se imprimió en Venecia en 1492 y conserva el papel en «perfectas condiciones, con márgenes completos y capitulares a dos tintas, roja y azul». La encuadernación en piel negra sobre tabla luce la decoración de la época. Esta obra ha sido adquirida en el último año junto a 'De situ orbis', de Estrabón, y 'Tabule astronomice' de Alfonso X el Sabio, también salidas de los talleres venecianos.
La compra de fondos bibliográficos es una operación delicada. Por muchos informes técnicos que se manejen, los incunables «tienes que verlos», dice Petralanda. Además de rigor, hacen falta reflejos -con los dibujos de Picasso hubo que actuar deprisa- y criterios bien definidos. «Hay que estar atentos al mercado, porque no hay mucho y nosotros vamos al detalle». La partida destinada a adquisiciones para 2008 es de 243.000 euros.
En este patrimonio hay muchos libros -y periódicos- que se salen del molde. La hemeroteca, con su implacable crónica cotidiana, permite mirarse en el espejo de 'El Liberal' o 'El Noticiero Bilbaíno' entre otras muchas cabeceras que no son tan conocidas. También se guardan con celo 624 manuscritos, toda una rareza en la civilización de los teclados. El cosmógrafo portugués Pedro de Texeira, al servicio de Felipe IV, dejó escrita en 1636 una 'Descripción de España y de las costas y puertos y sus reynos' con hermosas láminas de San Sebastián, Fuenterrabía, Pasajes y Guetaria. Son sólo algunos de los habitantes ilustres de la Biblioteca foral, el único edificio de Bilbao que se puede leer desde la fachada, decorada con 173 serigrafías en lenguas de todo el mundo. Es el lugar donde duermen los libros.





