
LOS DATOS
La actuación más inmediata que exige la consejería liderada por Esther Larrañaga es «la colocación de válvulas para evitar que se desborden los compartimentos tos estancos donde se almacena la glicerina que luego acaba llegando al río», apuntó la misma fuente. Además, Bionor dispone también de siete días para elaborar un plan de obras destinado a evitar los derrames ilegales. «Los trabajos podrán ejecutarse más adelante pero el proyecto deberá estar listo en ese periodo», agregó.
De no cumplirse esos requerimientos, la planta de Bionor podría verse clausurada. «La competencia para instar el cierre es de la Confederación Hidrográfica del Ebro. Y nosotros estamos en contacto permanente con ella para analizar el asunto», añadió un portavoz de Medio Ambiente, quien resaltó la «sintonía total» que existe en esa materia entre ese organismo y el Ejecutivo de Euskadi, incluida la Consejería de Industria.
Sin efectos para la salud
El departamento dirigido por Larrañaga sostiene que la glicerina y demás grasas vertidas en el cauce del Ayuda «no tienen efectos para la salud humana y animal». De hecho, apunta, «no se ha registrado mortalidad de peces en la zona fluvial afectada». De todas formas, tiene muy claro que esos aceites no deben llegar en ningún caso a los ríos.
Bionor ya fue sancionada hace varios días a abonar una multa de 6.000 euros por el derrame detectado el pasado agosto. Un mes después, el 6 de septiembre, la planta que posee en Berantevilla fue escenario de un gravísimo accidente laboral. Dos trabajadores murieron y otros dos sufrieron una seria intoxicación al inhalar gases tóxicos y asfixiantes.









