Por contraste en el caso de las sulfamidas se detectaron las primeras resistencias en el año 1940, aunque se justificaban por problemas de dosificación e inadecuada indicación.
La aparición de resistencias a un antibiótico suele ser bastante temprana tras su utilización. La diferencia de tiempo entre la introducción en clínica y la aparición de cepas resistentes no suele ser mayor de 5 años. Por ejemplo, en el caso de la eritromicina la resistencia surgió al cabo de sólo un año (en 1956) y en el de las quinolonas, transcurrido tres (en 1985).
Un ejemplo destacable es el caso de 'Staphylococcus aureus', una de las bacterias que más frecuentemente producen infecciones cutáneas. Al comienzo de la década de los 50 más del 80% de las cepas aisladas eran sensibles a penicilina. Al final de la década sólo eran sensibles el 20% de las cepas. Se habían vuelto resistentes por la producción de penicilinasa, una enzima que inactiva la penicilina.
El creciente aumento de estas cepas en el ambiente hospitalario llegó a ser un gran problema en la década de los 80. Para el tratamiento de infecciones causadas por cepas resistentes se extendió el uso de vancomicina que se descubrió en 1956 y de teicoplanina que se descubrió en 1984.







