Afortunadamente, y tal como leo en dicha hoja, se trata de una infección leve de las vías respiratorias y el culpable es un virus. ¿Y yo me he preguntado algunas veces ¿quién es ese dichoso virus al que los médicos suelen echar la culpa de tantas enfermedades? Y, como siempre en estos casos, acudo al diccionario, que es donde se explica todo, y allí me encuentro con esta explicación. Punto y aparte.
«Virus. Organismo de estructura muy sencilla, compuesto de proteínas y ácidos nucléicos, y capaz de reproducirse solo en el seno de células vivas específicas utilizando su metabolismo». Como ven ustedes, se trata de un bichito orgánico con sus proteínas y sus ácidos nucléicos que se cuela en nuestras celulas y allí se reproduce tan tranquilo, sin otro objetivo que jorobarnos.
En la citada hoja informativa, después de decirnos que el causante del catarro es el virus, se añade que el bicho ese puede estar varios días jorobándonos y produciendo en nuestro indefenso organismo las siguientes averías: moquillo, taponamiento nasal, dolor de cabeza, de garganta, lagrimeo, tos y algo de fiebre. ¿Toma castaña!
Ante este panorama, uno pregunta lógicamente a la ciencia ¿Cómo se cura el catarro y se combate al citado bicho? Y la ciencia nos responde tan tranquila (lo estoy leyendo en la citada hojita) que no hay posibilidad de evitarlo ni con vacunas ni con antibióticos, porque, al parecer, el bicho ese se ríe de la penicilina. Él a lo suyo. O sea que el catarro es una enfermedad incurable.
Lo más curioso de todo es que cada vecino tiene un remedio casero para curar el catarro, con lo cual, resulta que se trata de una enfermedad aparentemente incurable que, sin embargo, tiene docenas de remedios para curarla.





