
La primera experiencia surgió por casualidad, ya que se trataba de un favor familiar. Y le enganchó de tal manera que se apuntó a un cursillo de monitor y desde entonces -tenía 18 años-, no ha abandonado los banquillos. Hace una década que tomó las riendas del equipo senior femenino del Boldreroak de Portugalete. Sin embargo, él desconocía lo que entrañaba adoctrinar a un bloque de chicas. Y es que al final, se ha convertido en su utillero, directivo, coordinador... «Llevar las riendas de un club se convierte en tu vida».
Empezó en esta aventura poco a poco, pero con el tiempo, «las responsabilidades se van ampliando y casi te comen. No tienes horas porque lo llevas metido todo el día en la cabeza». Y es que hay que ingeniárselas para que una entidad de este tipo funcione viento en popa. «Se nos da muy poco valor. Pero todo ello tiene como recompensa ver la ilusión de las jugadoras».
El lado bueno
Esa entrega absoluta no conlleva ninguna gratificación económica. Ni mucho menos. Sólo la satisfacción personal de sacar adelante los equipos, para lo que cuenta con la ayuda de dos compañeros. Y es que en más de una ocasión ha tenido que recurrir a su propio bolsillo para alguna que otra gestión. Por este motivo, se desgañita buscando financiación, porque si no, «no se juega».
De ahí que su caballo de batalla esté en las subvenciones. «Nuestro equipo de Segunda División, el Pinturas Esteko, requiere de unos 3.000 euros entre fichas, arbitraje, viajes, inscripción...». Cualquier excusa -txoznas, carteles, lotería- es buena para poder cuadrar el presupuesto. «Aunque si lo pensara fríamente, lo dejaba», confiesa este portugalujo de 36 años, que trabaja en la Biblioteca de la Universidad del País Vasco.
Sin embargo, esa sensación desaparece cuando el marcador anuncia la victoria. «En ese momento, se olvida todo». Su prioridad es que 'sus chicas' «vean el lado bueno del deporte y se diviertan». Y es lo que hacen, a pesar de que el baloncesto femenino no obtiene grandes reconocimientos. «El problema surge cuando llegan a cadete-juvenil porque no hay opciones de seguir adelante». Aunque eso sí: él está encantado de lidiar con féminas. «Son más fáciles de preparar que los chicos por su psicología».





